Lucila

La canción de las 14:24. Ayer puse cara a dos personas con las que llevaba tiempo escribiéndome. Hombre y mujer. Una tras de otro, moto de por medio. Mi timidez de años ha, me lo hubiera puesto difícil. Ahora, no. Dos buenas conversaciones. Estuve más de una hora con cada una de ellas. Lucila es de Alicante y canta ‘one hour’ muy elegante, si es que cantar elegante no tiene algo de poético oxímoron.

Montefurado

La canción de las 14:04. Si Óscar Avendaño dice que este es uno de los mejores discos del año, habrá que escucharlo. Si, antes de hacerlo, leo que lo produce el mítico Hendrik Röver, me pueden las prisas. Discazo, amics, el de los asturianos Montefurado, con Marcos Montoto al frente. Rock de toda la vida de dios. “Más cerca de Neil Young que de Tom Petty“, dice el sabio de Avendaño. “Más cerca de papá que de mamá”, añado yo.

Vreno Yg

La canción de las 13:38. Ser moderno me sale de natural. A diferencia del resto, no disimulo. Es más, presumo de ello en este blog de música e ilusiones siempre que me dejo. Pablo Anglada, de Zaragoza, estudiante de Psicología en Madrid, domina el autotune como pocos. En general, no me gusta, pero Vreno Yg consigue que yo también me pregunte para qué me escribes (si luego no me dices nada); eso sí, con todas las letras.

Código vinagrio

La canción de las 19:08. Admiro, y envidio, qué coño, a aquellas personas que saben hacer lo que a mí más me emociona: músicos/as, escritores/as y jugadores, hay muy pocas mujeres, de snooker. Y no sé muy bien si por ese orden. El caso es que uno de mis compañeros del curso de escritura en el que me desfogo los viernes que no hace calor, me presenta a unos amigos suyos que hacen música. De partida, sé que tienen gracia, porque llamarse a estas alturas Código vinagrio no está al alcance de cualquiera. No me llamó quién me tuviera que llamar por los caminos del rock con ínfulas, pero ya solo componer y subirse a un escenario a defender lo ensayado, merece todos mis respetos.

Punkteras rosas

La canción de las 14:05. El indie, como bien sabéis, son los padres. Sobre todo, los que ya no existen. Algo que funcionó un día, concretamente un buen día, y que allí mismo debió morir. Pasé parte de la noche del sábado viendo indie del fetén, auténtico underground musical, un submundo de creatividad, acoples, talento y desvergüenza, del que, por ejemplo, formaron parte, las Punkteras rosas. Ellas hacen canciones de un minuto y cinco segundos porque, aseguran “uno cero cuatro es demasiado conservador, casi fascista, y uno cero seis deriva progresista o socialdemocracia” (sic). Esta, dedicada a Rigoberta Bandini, sin ir mucho más lejos y tampoco quedándose demasiado cerca.