Malamute

La canción de las 15:21. Si una canción empieza así: “Te voy a lavar / la boca con jabón / si te vuelves a meter / con La oreja de Van Gogh“, algo muy bueno ha de seguir. Ya hace un par de años que compartí por aquí lo primero que hacía Malamute, el grupo de la cántabra Irene Gutiérrez y el madrileño Diego Jiménez. Allí ya apuntaban unas maneras que bordan en este pelotazo de esos que parecen fáciles de hacer, pero que no siempre se consigue.  

Tú ves ovnis

La canción de las 14:32. Llego a muchos grupos atraídos por sus fantásticos nombres. Llamo a su puerta, escucho lo que me ofrecen, y si me gusta, me quedo. Con Tú ves ovnis me ha vuelto a suceder eso. Desde Valencia, con la elegantísima voz de Enrique Peydró al frente, llegan para que yo me tope con este Solíamos esperar y me quede a vivir dentro.

Cristina Len

La canción de las 15:54. Aviso: Los que se escandalizaron con el ya famoso cartel de Zahara en Toledo, que dejen aquí mismo la lectura y posterior visión del regalo que hoy comparto. Los demás, limpios de mente, que no se lo piensen y prueben a disfrutar de este estupendo La Resentida, que interpreta de manera única Cristina Len, afincada en Barcelona, pero de origen, como yo, salmantino. Concretamente, de Martiago, casi, casi, en el rincón de todo; ahí, a dos pasos del mágico Rebollar y a tres de la incomparable sierra de Gata. De la mezcla, claro, solo puede salir cosa buena. Buenísima, incluso.

Agosto

La canción de las 15:24. Efectivamente, me vais conociendo. No esperaba menos después de tantos años de regalos musicales. Esperé a que acabara el mes del descanso para compartir lo primero que escucho de Agosto, el proyecto de la alicantina María y el leonés Nacho. Cantan a una tal Jeanne Dielman, que resulta ser la protagonista de una película belga. Ahora que conozco la canción, seguro que hubiese sido una fantástica banda sonora.

Tarta Relena

La canción de las 13:36. A mí yo de hace 25 años, esto que hacen Helena Ros y Marta Torrella le habría enganchado a la primera. Dos voces espectaculares, con música mínima, cantando en idiomas complicadísimos. A mi yo actual le pillo en luminoso domingo y eso facilita las cosas. Luego, busca y recuerda que ambas, Helena y Marta, las componentes de Tarta Relena, son las que acompañan, de manera asombrosa, al nuevo y mágico espectáculo de Maria Arnal y Marcel Bagés. Y, aunque nada entienda, todo le cuadra.

Grasias

La canción de las 12:23. La primera vez que vi a Sandra Sabater fue sobre un escenario con los Niña Polaca. Justo después, comprobé que no le bastaba con tocar, muy bien, la guitarra y dar saltos con ellos, sino que también lo hacía con las Ginebras; para muchos, el grupo del momento. Ni con unos ni con otras le vale a Sandra, que también tiene su proyecto en solitario, igual de brillante, por muy diferente que sea. Lo hace llamar Grasias, así, con s, y Tiempo de descuento, cual prórroga futbolera, acaba de salir. Aquí lo tenéis. Disfrutadla, sola o en compañía.

Michael Foster

La canción de las 15:17. Me dice el diccionario de la RAE que la gravedad es “la fuerza que sobre todos los cuerpos ejerce la Tierra hacia su centro”. Quizá no con las mismas palabras, pero similares, la hubiera definido yo. El caso es que la verdadera gravedad es no haber conocido hasta hoy a este vibrante Michael Foster, joven cantante español de indudable ascendencia británica y talento casi infinito. Su voz y esa trompeta al estilo Beirut me han conquistado a primera hora de la tarde, justo cuando ocurren las mejores historias del día.

Limalimón

La canción de las 15:31. De mis tristemente concluidas vacaciones estivales me quedo, además de con el MAR, con el descubrimiento de unos flashes, recuerdan: golosina liquida para congelar, con los sabores de los míticos helados de Frigo, un flash de Frigopié, otro de Drácula, y así. Mi vida, supondrán ustedes, ha cambiado desde entonces. Y para muy bien. Limalimón me recuerda a los helados de mi aún inacabada adolescencia. Eso, hasta hace un rato, porque a partir de ahora, te lo juro, me llevará a dos chavales que molan, mínimo, como el histórico Frigodedo.