Ashleys

La canción de las 14:32. Pero ¿qué nos estás diciendo? ¿Que no sabes qué era La banda del patio? Y yo, más desarmado que cautivo, niego la mayor. También la menor y la del medio. Pasé la mañana del viernes trabajando en compañía de dos de los más jóvenes de mis talentosos colegas de curro. Me abren los ojos. Y, de cuando en vez, me regalan música. Hoy la de las Ashleys, cuatro crías madrileñas, Marta, María, Carmen y Mónica, que sí veían la serie.

Niños bravos

La canción de las 15:37. Mi madre me cantaba canciones de Nino Bravo incluso antes de que yo naciera. El portentoso valenciano murió un mes de abril y yo aparecí por aquí pocos días después. Una noche de farra, muchos años más tarde, mis amigos y yo escuchamos una versión del mítico Un beso y una flor, que hablaba del maltrecho cerebro de un pucelano. Si aquella noche se nos hubiera ocurrido hacer un grupo, lo hubiéramos bautizado Niños bravos. Pero ya no éramos niños y bravos nunca fuimos. Mansos, si acaso. Los estupendos Bearoid y St. Woods, profusamente ponderados ya en este modesto blog de músicas e ilusiones, se han unido con Rita, de Tiburona, y Miki, de Jack Bisonte, para hacernos la vida mejor. Lo empiezan a lograr.

Salvar Doñana

La canción de las 14:56. Teniendo, como tengo, a los Califato 3/4 en la parte alta de mi particular santoral musical, me apena saber que varios de sus componentes han dejado la banda. Ahora bien, si, como Curro Morales y Rosana Pappalardo, lo han hecho para seguir haciendo música, no está mal del todo. Ellos conforman Salvar Doñana y este Amanecer, mitad punk, un cuarto flamenco y otro bakala, es su estupendísima carta de presentación.

Bigott

La canción de las 15:19. La última vez que escuché a Bigott yo estaba casado. Si la última vez que escuché a Bigott, me hubieran dicho que, más de una década después, yo viviría solo y lejos de casa, no me lo habría creído. En absoluto. Ahora, cada vez mi casa es esta más que aquella y MI sofá que me lo toquen poco. Ahora, para colmo de bienes, vuelvo a escuchar al tipo de Zaragoza que más se parece a El Gran Lebowski. Bigott regresa, aunque sea a ninguna parte.

TWIN

La canción de las 14:27. A mi hermano gemelo, que lo tengo, de distinta madre y de diferente padre, eso sí, pero lo tengo; no sé yo si lo nuevo de Twin le gustará. A mí, bastante, la verdad. Juraría que detrás de este regalazo musical de hoy, lunes raro, de febrero, con sol y sin frío, se encuentra Ana López, valenciana residente en Barcelona. “Híbrido perfecto entre el baile, el pop e introspección”, dicen los que conocen su estilo desde hace tiempo. A los recién llegados, nos parece que no van mal encaminados.

Bloodstein

La canción de las 14:33. Carlos de la Viña, joven madrileño, hace hoy música que a mí me recuerda mucho a la de antes de ayer. Y resulta que a mí me gusta más ahora que en aquel tiempo. Se me entiende, ¿no? Si no, si queréis cosas fáciles, ya tenéis premios literarios de dudosa condición y planetaria dimensión.

Amanda Álvaro

La canción de las 14:13. Me pirran (qué verbo más molón) las versiones. Es sabido. La catalana Amanda Álvaro ya pasó por aquí hace un tiempecito y hoy vuelve de la mejor manera imaginable. Con su reinterpretación de la mágica ¿Qué nos va a pasar? de los nunca bien ponderados La Buena Vida. Y es, como la original, muy preciosa. ¿Qué qué nos va a pasar? Con esta música, algo bueno, seguro.

Campo Grande

La canción de las 15:23. Nací en Salamanca y me crie despreciando, cuando no odiando, a Valladolid. Aún siguen así allí. Más pequeños cada vez, presenciando, llenos de desprecio cuando no de odio, como aquello otro se hace más grande. El Campo Grande es el parque más chulo de Valladolid. Celebré allí comuniones y decenas de encuentros familiares. Con los años, celebro escuchar música. La de esta chavalada pucelana que no suena nada mal.

Shanghai Baby

La canción de las 14:28. Mintió aquel (o aquella ) que dijo (o dija) que sobre gustos no había nada escrito. Hay mucho, bueno y malo, pero mucho en realidad. Nunca me atrajo demasiado la música de The Hinds. Admiré, pelín extrañado, su éxito planetario, pero jamás conecté. Me ha bastado una canción de su bajista, Ade Martín, para que ya me guste Shanghai Baby, su proyecto en solitario. Veis como si hay mucho escrito sobre gustos.