Tú no existes

La canción de las 14:10: Me ausenté de mi diaria obligación musical no por el duelo por el más grande, ni siquiera porque Xoel sacó (maravilloso) disco, sino porque viajé, así con todas las letras y con mayúsculas: VIAJ (¿por qué no G como geranio?) É. Y, ¿sabéis qué? Que no recordaba cómo se hacía. De vuelta en el barrio, creí viajar de nuevo, pero, en este caso, al pasado. A la buenísima música de otro tiempo, hecha con las herramientas de hoy y con el talento de siempre. Desde Barcelona, Edu Montoya, Lidia Anaut y Roger Torralbo sí saben cómo hacerlo. Y, sí, claro que existes.

Los Sara Fontán

La canción de las 20:51. Esperé a que fuera tarde y a que se hiciera más de noche que de noche porque el regalo de hoy no era para todos los públicos. Sara Fontán es, en principio, violinista. Al formar dúo con Edi Pou, batería de los catárticos Za!, no anduvieron buscando nombres raros y optaron por llamarse Los Sara Fontán. Inclasificable es un adjetivo que, en ocasiones, se queda corto para definir algo. Lo que hacen Sara y Edi, desde Barcelona, lo es. Y flipante, también.

Pablo Alfaya

La canción de las 19:02. Desconozco si Pablo Alfaya habla castellano o tan solo lo chapurrea (palabro de antaño, de esos a los que pareció llevárselos un vendaval). Aclaro: Acabo de conocer musicalmente a Pablo, me interesa muchísimo lo que de él he oído y, al confirmar procedencia, leo: músico francés, de padre ítalo-español y madre argentina. Malo ha de ser que no me entienda. En todo caso, solo le quiero decir que hoy, ya noche, regalo su Hero in Disguise, y eso solo quiere decir que, sí o sí, me gusta.

Zulu Zulu

La canción de las 18:59. De antemano, pido disculpas. El único disco en el mercado de Zulu Zulu data de hace tres años, pero yo me enteré ayer de su existencia y por un medio que rara vez falla: escuchando radio (pública) musical. Los baleares Miquel Mesquida, Miquel Perelló y Pep Toni Ferrer conforman una originalísima propuesta basada en una búsqueda de la ancestral música africana, apoyada en onomatopeyas y en un ritmo completamente desbordante. La espera, larga, ha merecido la pena.

Gutinho

La canción de las 20:36. Ataco nocturno y tardío, cuando ya pensaba que hoy había pasado la hora de los presentes. Pero esperar a mañana me parece un exceso después de tropezarme con el madrileño Jorge Gutiérrez Castro y su originalísima versión lorquiana. Reconozco que al empezar a escuchar eso de Que yo me la lleve al río creyendo que era mozuela caí rendido, tuve que buscar. Tomada de La casada infiel del Romancero Gitano de Lorca, de escucharla el poeta vilmente asesinado, seguro que sonreiría. Sospecho que los componentes de Bon Iver también. Gutinho tiene nombre de fiasco del mercado de invierno, pero cantando es todo un galáctico. Escuchad este Federica, hasta el título es brillante, y me contáis.

María Rodés y La Estrella de David

La canción de las 18:08. En épocas de todo mal también se hacen cosas bonitas. María Rodés y David Rodríguez han sido, a lo largo de todos estos años, sospechosos habituales de este blog musical. Ella, en solitario, con The New Raemon o con más gente haciendo una bellísima canción para beber más cerveza, que eso siempre es bueno. Él, como la Estrella de David o acompañando a la imprescindible Bien Querida. María y David se acaban de juntar, han cantado muy bonito y, lo mejor de todo, prometen más. “… Querernos lo justo / para amarnos siempre / será pedir mucho / quizá / no lo sé...”.

Semana Santa

La canción de las 19:26. Ahora que todo el mundo está empeñado en salvar (pero así dicho, salvar, con todas las letras) las Navidades, me da por reivindicar la Semana Santa. La musical, por supuesto. Y no la de cornetas y tambores, sino la de Iván, Roser y Martín, componentes de Semana Santa y llegados directamente desde Valencia. Con todos vosotros, Estado inicial y su vídeo en vertical.

Zabala

La canción de las 19:55. Esperé a que cayeran la noche y la niebla, primera la otra y luego la una, para compartir la última maravilla de Jon Agirrezabalaga, Zabala en los créditos, conocido ahora en solitario y antes por ser parte de los cada vez más añorados WAS. Zabala crea atmósferas planetarias de muchísimo gusto y enfático sosiego. Es el caso de este sideral Night Gale (Ruiseñor, en román y, sobre todo, en paladino), en el que, ojo, aviso, no canta nadie. Ni falta que hace.