9 de marzo. Esposa

La canción de las 19:34. Regreso y me vuelvo a ir. Lo hago, en realidad, sólo para poder regresar de nuevo. Entre olvidados preparativos y flecos postreros, encuentro un momento para compartir algo de nueva música gallega, mi penúltimo destino. Pulpo aparte, algo se está cociendo en aquel paraíso terrenal nunca bien ponderado. El regalo de hoy, moderno bajo el algo viejuno nombre de “Esposa”, se llama “Xardín interior” y está cantado en el idioma de aquel lugar en el que las casualidades se convierten en felicísima realidad.

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6 de agosto. Catenaccio

La canción de las 11:07. Pudiera parecer que por el nombre del grupo que hoy comparto echo de menos el fútbol. Nada más lejos de la realidad. Será que, a mi edad, empiezo a crecer. Reminiscencias del defensivo balompié italiano de siempre aparte, me encuentro con David Molina y Antonio Jesús Moreno, componentes de Catenaccio, y creo estar escuchando a un buen Sr. Chinarro. Y este dato no es más que un gigantesco halago para el proyecto de estos dos ya avezados músicos cordobeses, que el año pasado hicieron un disco de esos que ya no se hacen. Muchos grados en la escala de Richter le otorgaría yo.

4 de agosto. Staytons

La canción de las 12:03. Prueba de agudeza visual. Antes de llegar al final de estas líneas, pincha directamente en el vídeo que las acompaña. Y, si te place, juega conmigo a apostar por la procedencia más o menos aproximada de los cinco veinteañeros que por allí pasean. Para tratar de acercarte a su lugar de origen, abre las orejas y escucha lo que cantan, cómo lo cantan y, sobre todo, las modernísimas melodías que les acompañan. Si yo así lo hubiera hecho, me jugaría parte de mis exiguos cuartos entre Glasgow, Manchester, el norte de Londres o, como mucho, el suburbio más anglófilo de Belfast. Y, como tú, habría errado lamentablemente. Dani, Andrés, Luis Ángel, Venti y Juanvi son de Villaviciosa, la patria asturiana de la mejor sidra. Cosas veredes. Y escuchares.

3 de agosto. Nebraska

La canción de las 13:02. Fui chaval raro. Siempre me gustó retar a mi memoria, aunque ahora ya no recuerdo muy bien para qué lo hacía. Acostumbraba a coger una hoja de aquellas en blanco solo manchada por la perfecta cuadrícula y en ella escribía, uno a uno, los 50 territorios que un buen día decidieron unirse para ser dueños del universo. Siempre me quedaba a falta de uno para completar el mágico círculo yanqui, pero ese uno nunca era el mismo. Recuerdo bien que jamás olvidé Nebraska. Hoy, tampoco. Será mi redención.

2 de agosto. Monstruopicales

La canción de las 12:54. Llegó el día de hablar de nepotismo. Lo hago, eso sí, después de consultar el diccionario de la RAE para asegurarme que, más o menos, ese es el palabro que esconde lo que quiero decir. Al grano: tengo un primo, hijo de prima en realidad, que va a ser famoso, si es que no lo es ya. Se llama Gonzalo, es burgalés en Madrid  (mezcla difícilmente batible), y toca el bajo con sus amigos en un grupo llamado Monstruopicales. Dicen que en sus canciones cuentan historias reales, muy lejos de todos esos otros que sólo cantan lo que el público quiere escuchar. Que así sea.

1 de agosto. Za!

La canción de las 14:33. A lo mejor empleo el mes que no es en compartir música que no entiendo; a lo mejor, no. Hoy, primero del estío, en momento previo a la madre de todas las olas de calor, lo voy a hacer. Y a lo bestia. Los catalanes Edi Pou y Pau Rodríguez homenajean en su nuevo disco al pachinko, mítico juego recreativo japonés similar al añorado pinball occidental. Ya de por sí raro el asunto, el contenido del trabajo lo es más aún. Propongo este contundente “OCHATE ZI O” para comprobar hasta qué punto es verídico aquello de la miel y del asno.

31 de julio. Cristina Quesada

La canción de las 17:28. Andaba yo despidiendo a un mes y dando la bienvenida a otra cosa bien distinta, cuando en el aleatorio buscador musical comenzó a sonar lo que aquí sigue. Pensando en si me gustan, o no, las versiones, colegí que unas sí y otras no. Hace años compartí aquí un temazo que el grupo donostiarra Family había creado mediados los noventa. Aquel inmortal “Viaje a los sueños polares” tuvo su recreación, tampoco ayer precisamente, en la preciosa voz de Cristina Quesada. De esas versiones que sí.