29 de noviembre. Unidad y Armonía

La canción de las 14:37. Imagino al músico granadino Miguel Martín pensando en un nombre para su nuevo proyecto. Pienso en él descartando, por este orden, el nombre propio, cualquier referencia a su ciudad natal y algo que comenzará por Los, ya que era bastante personal el asunto. En estas estaba cuando por televisión vio un informativo de Telecinco. Y pensó justamente en lo contrario. Después de un disco de homenaje a los tristemente olvidados Los Módulos, Unidad y Armonía, esto es, Miguel Martín, regresa ahora con “Uno de estos días”. Este espacial “Equilibrio” es de lo más unido y armónico que he escuchado nunca.

28 de noviembre. Beris

La canción de las 18:49. Interrumpo la tarde ya nocturna para presentaros a Beris. Pudiera parecer que es nuevo por estos andurriales, pero, por contra, ya pasó por aquí liderando a su antiguo grupo, 84, con aquel trallazo llamado “Como si fueras a morir”. Hace ya un par de años lanzó a través de esa modernísima muestra de solidaridad musical denominada crowdfunding “Tan solo un grito”. Así también se titulaba esta canción.

27 de noviembre. MAVICA

La canción de las 13:26. Marta Casanova tiene una de esas voces que, sólo con escucharlas, necesito compartir. Leo que nació en Cartagena, que vive en Londres y que expande su cuasi infinito talento bajo el sugerente nombre de MAVICA. Ando convencido de que cada vez se escuchara hablar más de ella, pero es que a lo mejor me he despertado hoy demasiado optimista.

26 de noviembre. Nadiuska

La canción de las 15:21. No parece tener edad Mateo Navarro para haber conocido a Nadiuska. Al menos, no en plenitud. Servidor, vejestorio ya, sí. Y vi alguna de sus películas, a media luz y a escondidas. Hace demasiado tiempo que no sé de ella, aunque las últimas noticias no deparaban nada bueno. Eso sí que era un juguete roto y no los simplones televisivos de ahora. A lo que voy, que me pierdo. Navarro ha decidido publicar ahora las canciones que, bajo el nombre de Nadiuska, lleva tiempo haciendo. La primera es “Guerra y paz” y suena a casi todo lo que me gusta, aunque últimamente me guste casi todo.

23 de noviembre. El Faro

La canción de las 18:45. Los actuales faros ni siquiera han de dar luz para llevarnos por donde quieren. Nos guían, ya sea de día o de noche, hacia lo que les viene en gana. Ayer a votar, hoy a comprar y mañana; quién sabe hacia dónde nos mandaran mañana. Lo único claro que está claro es que iremos. Sortearé el día de comprar lo innecesario adquiriendo lo de casi siempre: un par de cañas, tres a lo sumo. Hace seis años, un grupo canario llamado El Faro atrajo la atención de la crítica musical especializada. En aquel momento aún no sabíamos qué era esta horroridad del Black Friday. Seis años después lo sabe hasta mi padre y Carlos Díaz y sus chicos han vuelto.

22 de noviembre. Cor Blanc

La canción de las 15:14. Tengo nuevos seguidores. Como en el anuncio pero al revés, soy el chico nuevo de la oficina y algunos de mis compañeros ya forman parte de mi ingente legión de fieles. Es éste un selecto club en el que cualquiera puede entrar; de ahí lo de selecto. Ellos, jóvenes y brillantes, no saben aún de mi gusto por la música en catalán. Ya se enterarán, pero para que se vayan introduciendo en el asunto, hoy comparto con ellos, y con el planeta mundo entero, lo primero de Cor Blanc, grupo barcelónes cuyo nombre, traducido al vernáculo castellano, sería Corazón Blanco. Pero ni Mireia Bernat ni Sergi Serra cantan en adorable catalán sino que lo hacen en el inglés más universal. Qué más da si me gusta igual.

21 de noviembre. Monterrosa

La canción de las 10:37. Madrugo para que quien sea me ayude. Y solo un rato después, encuentro tres minutos para compartir la última canción de Monterrosa. Ya conocéis mi extraña vena facilona, bailable, a ratos friki, a otros, más todavía. De todo eso tiene mucho este “Me manipulaste”, nueva colaboración entre Rocío, componente de Las Chillers y felizmente aficionada a cantar con el pecho al descubierto, y Esnorquel DJ. Bailemos, pues.

20 de noviembre. Xavier Calvet

La canción de las 15:43. Volvamos a las tradiciones, aunque no parezca el día más señalado para ello. Regresemos a las canciones perfectas, a la preciosa y justa combinación entre el pop y el rock, a esos himnos de mítica teleserie americana. Encuentro el talento necesario para hacerlo en Xavier Calvet, otrora líder de aquellos Bullit, que también pasaron por aquí hace tiempo. Su “Lovelight” suena a todo lo anterior y a todo lo mejor que se nos pueda ocurrir.

Y de repente, Javier Álvarez

Admiro profundamente a Javier Álvarez. Desde siempre. Lo digo, mejor lo escribo, al principio, como blanda venda para posterior herida. Le considero el maestro nacional del minimalismo, de las pequeñas canciones más grandes y perfectas que nunca se han escrito por aquí. Presentó este lunes su nuevo disco, “10”, después de una década en relativo silencio, y en el magnífico Teatro Lara había muchas ganas de reencontrarse con él.
Me encantó ver a Javier sonreír. Siempre lo ha hecho pese a pasar épocas residiendo en el vestíbulo de los infiernos. Disfruté mucho de él, más porque se presentó acompañado por dos grandísimos músicos, Meta al bajo y el grandísimo Ricky Lavado a la batería y a unas sorprendentes segundas voces. Si la disolución de Nudozurdo, el grupo que formaban ambos junto a Leopoldo Mateos, ha servido para que Meta y Lavado hagan conciertos con Álvarez, buenísima sea la mala noticia.
Comenzó el concierto con la primera cara íntegra de su nueva obra. Preferí no escuchar nada previamente, salvo el magnífico “El mar”, con el que empieza “10”. Y así fue mucho mejor. En casi ningún momento se me borró esa sonrisa tonta con la que escuchas por primera vez canciones simplemente perfectas. Lo son, rotundas, “No fue”, “Detr/s”, “En la cuarta”, “Presente” o “Sonata de otoño”. Le perdoné, con la misma sonrisa de antes, que Javier se olvidara de algunas de las letras de sus nuevas canciones y que resbalara de alguna manera con la excesiva “Tuno”, no demasiado bien llevada al directo.

Y luego, todo lo demás. Clásicos que llevan emocionando, al menos a mí hasta casi el extremo, más de dos décadas. Hay artistas, entre ellos algunos de los que más admiro, que cantan sus grandes éxitos como obligados, como una especie de pesada carga por la que pasar sí o sí. Comprendo que llegará a bordear el coñazo interpretar siempre lo mismo, pero, por ejemplo, a Javier Álvarez no se le nota nada en absoluto. Y en todo caso, no haberlas compuesto. Lejos de renegar de su pasado, reinterpreta himnos como si los acabara de componer ayer mismo. Y así sonaron magníficas, pero majestuosas de verdad, “La edad del porvenir”, indiscutiblemente entre las diez mejores nacionales de todas las eras, “Piel de pantera”, “1, 2, 3, 4”, “Sunset Boulevard”, la desternillante “Padre”, la no menos concluyente “Ni na no”, o su emocionantísima revisita del antiguo cuplé, luego himno de la Legión, “El novio de la muerte”.
Servidor, que ha tenido la inmensa suerte de ver a Javier Álvarez en garitos mucho menos refinados que el monumental Lara, no se sorprendió en absoluto cuando el cantante madrileño dio rienda suelta a su innata y descacharrante condición payasa. Y así se paseó por todo el teatro cantando en playback el último hit de la música disco, tuvo tiempo para insertar la palabra mágica del artisteo global, “Malamente”, en una de sus canciones, y homenajeó a sus máximos referentes, Abba y Michael Jackson. Todo ello bajo los gritos de “Guapo” que llegaban desde la entregada platea. Ante la emocionantísima y rendida ovación final, Javier reaccionó bromeando. “Qué falsos sois”, acusó. La típica salida mentirosa del nervioso satisfecho que volvió a sonreír.

18 de noviembre. Mazmorra

La canción de las 13:01. Con semejante denominación, le doy al play y espero cualquier cosa relacionada con melenas, voces y satanismo. Pero no. Tampoco lo que encuentro es, digamos, luminoso, pero al menos sí muy interesante. Mazmorra es un grupo de Bilbao formado por Ana Arsuaga, Israel Monzoncillo y Borja Serra. Hacen una música que ni ellos mismos saben calificar ni encuadrar en una u otra categoría. No seré yo el que me atreva a hacerlo. Falta no hace. Solo seguiré disfrutándola y disfrutando con ese eclecticismo mío que un buen día llegó y ya nunca se quiso marchar.