La canción de las 14:12. Como pan de manera compulsiva por aquello que dicen de las penas. Y nada. Será porque es de molde. Sigo tragicómico: lloré el sábado escuchando, por primera vez en directo, aquella preciosidad que los Kokoscha escribieron en recuerdo del montañero Iñaki Ochoa. Pero no me quedé ahí: me enamoré perdidamente de la estupendísima Amaia Tirapu y recordé por qué los navarros hicieron uno de los mejores discos del año pasado. Pan y música, entonces ¿no?
