La canción de las 13:32. Ya está bien de canciones facilonas, con rimas, estribillos, melodías uniformes, acordes básicos, duraciones limitadas y voces cristalinas. Siempre fui especialista en construir tejados para tirar piedras contra ellos. Una de mis canciones favoritas del año pasado venía firmada por Pablo (Corbillón), su hermana Elena y su amigo Muellín. Ellos son, claro, Pablo y los ciervos dorados y hacen lo que les da la gana desde Pontevedra, lugar siempre muy dado a hacer lo primero que se te pasa por la cabeza. Acaban de sacar un disco, inclasificable como poco, que tristemente disfrutaremos tres o cuatro, no más. Estos casi nueve minutos de Vino son… en fin.
