La canción de las 13:58. Soy mano y tengo cuatro cerdos. Digo que hasta allí. Ellos, lo mismo. Mi compañero me dice que qué hace y yo, que tengo poco, que se dé mus. El postre, no; corta, empezamos a hablar y yo veo el cielo abierto. El corazón se me acelera, pero ni un músculo de mi rostro varía de lugar. La grande, con todo lo que yo tengo, se queda en paso. Y a la chica, ay a la chica, ahí me lanzó con un órdago que, por supuesto, nadie quiere, todo el mundo lo sabe: jugador de chica, perdedor de mus. Después, claro, gano a todo. Quien haya entendido algo de todo lo anterior se considerará, como yo, el mejor jugador de mus de la historia. Quien, ni papa, no sabe bien todo lo que se está perdiendo. Los chicos de Órdago chica me han alegrado la mañana con su Roja directa (clausulazo), que, para colmo de bienes, más futbolero no puede ser.
