La canción de las 13:37. Del talentazo para autodenominarse de estos chicos y chicas de Talavera ya hablé aquí hace unos añitos. Centrémonos, entonces, en su otra gran destreza: la de tocar y cantar. Veo a Griezmann pedir perdón en su sentida despedida y pienso en la gente con la que yo tendría que hacer lo mismo. Y la hay, no os creáis, que tan bueno, no soy. Entre que lo hago y no, que viva la literatura cantada.
