La canción de las 14:55. Mi religión me prohíbe dejar de compartir algo de lo que haga Jero Romero. A la espera eterna de su ansiado regreso, me conformo con degustarle en colaboraciones varias. Hoy, con los asturianos San Jerónimo (Jero será Jer´ónimo, ¿no?), el proyecto tranquilo y calmado de María y Nacho. Por cierto, ayer vi al toledano más ilustre desde la muerte de El Greco a la salida del conciertazo que nos regalaron los magníficos Rufus T. Firefly. Esta vez no le dije nada. Admiración silenciosa la llaman.

