La canción de las 13:47. Contaré, para variar, un sucedido: nunca había pasado tanto tiempo sin volver a la que durante décadas fue mi casa. Fue este verano. Entré en uno de mis bares de confianza. En el barrio, claro. Llevaba mi camiseta de Egon Soda y, tras la barra, una cría, no más de 25 calculé, se fijó en ella y me hizo el típico gesto de aprobación solidaria. Al pedir la cuenta, exigua para más señas, ella pronunció la palabra mágica: Escápula, y volví, claro, a confiar en las mujeres jóvenes de mi ciudad natal. Todo esto para decir que, gracias al enorme Ricky Falkner, acabó de descubrir a un grupazo de aquí al lado. Mendoza se llaman. Tienen miedo, cantan. Yo, también, pero solo a ratos.
