Karla Imbert

La canción de las 17:25. No debería de hablar, y menos de escribir, de playas, pero lo haré porque últimamente pienso en ellas como única razón de existir, como la única meta a la que aspiro a llegar. Aparte de mis queridos y añorados arenales gallegos y portugueses, mi mente siempre tiene un hueco para la playa vizcaína de Sopelana, Sopela para ellos, con sus paseos, sus olas y su metro al lado. Desde allí canta Karla Imbert y lo hace de manera elegante. Como es aquella playa.

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