La canción de las 13:33. Si me diera por escribir un diario, que no, el día de hoy lo resumiría con tres palabras: encendí la calefacción. Añadiría, entre paréntesis, poco. Nimiedades como vi llover, comí sopa, soñé con muertos o trabajé como si me fuera la vida en ello, sobrarían ante el titular de cabecera. Y, ya con calor artificial, elegí música para regalar. Conocí a Chloé Bird cuando tenía una voz maravillosa y componía sus cosas al piano. Años después, mantiene su extraordinaria fuerza vocal y, a su manera, se ha desmelenado. Como todo lo que sale de tierra santa, Cáceres para más señas, un amor.
