La canción de las 18:10. Añoro aquellas pachangas de los martes. Confirmo, y sé que no es el único, que sigo formando parte de un grupo de whatsapp que murió hace años, el día en el que definitivamente nos hicimos mayores y, craso error, subestimamos canastas para valorar rodillas y tobillos. Por si no ha quedado claro, me gusta el baloncesto casi tanto como a estos tres chavales de Madrid que suelen cantar a la vida de barrio. En este caso, en Barcelona.
