Janire y La Milagrosa

La canción de las 13:26. Casi no te he dicho hola como para pensar en cómo decirte adiós. No me he despedido casi nunca. No se me da bien. Cuando esta mañana encontré en el buscador de Spotify una colaboración entre la vasca Janire, también en esa cosa mágica llamada La rate timide, y La Milagrosa, el grupazo liderado por Germán GES, sabía que me iba a gustar. Para una vez que anticipo en positivo, va y se cumple. Estoy en racha.

Ferran Orriols

La canción de las 13:41. Puedo contar con el número de los abuelos que conocí las cosas que me hacen más feliz que la música. Imaginad: solo conviví, y bien poco, con mis dos abuelas. Llevo un par de años escuchando de manera compulsiva las canciones de Adrianne Lenker, la líder de esa maravilla llamada Big Thief y que, en solitario, es aún mejor. Como bien sabe mi legión de seguidoras, este cada vez más modesto blog de música e ilusiones lo es solo de música buena, nueva y hecha en eso que algunos todavía se empeñan en llamar España. Por eso, Lenker no viene a vernos por aquí. Sin embargo, mi felicidad hoy lo es desde que me topé con esta maravillosa versión del catalanísimo Ferran Orriols, ex Nyandú, de una de mis favoritas de la cantante americana. De la imperial Sadness as a gift a la melancólica La tristesa com un regal. Ni falta hace traducir cuando hablamos de puritita magia. Como veis, es muy fácil hacerme feliz. ¿Y a ti?

Fantasmage

La canción de las 14:04. “El trabajo os hará libres”, dicen que dijo no sé quién. Yo lo único que sé es que en Vigo, afortunadamente aún a oscuras, no paró de llover durante días. Ya de vuelta, y hasta con sol otoñal por la ventana, regreso con lo nuevo de los vigueses Andrés Magán y Daniel Nicolás que, como los excelentes Fantasmage, son capaces de meter a Los Brincos en un garaje de los noventa.

Exnovios

La canción de las 13:49. Escribo a borbotones: por lo que sea, no tengo exnovios. Absolutamente partidario soy, en este caso al menos, de seguir los dictados de la RAE a la hora de escribir exloquesea junto. La excepción: ex guardia civil. Ya sé que hay cientos de grises, pero qué sería de la vida viendo todo, como hacían Barricada, en blanco y negro. Paisanos de El Drogas, navarros como él, son los componentes de Exnovios, que siguen cantando, nada mejor que autocitarse, “exactamente igual que si Juan Pardo tuviera cincuenta años menos y Junior hubiera resucitado”. Me encantan.

Chloé Bird

La canción de las 13:33. Si me diera por escribir un diario, que no, el día de hoy lo resumiría con tres palabras: encendí la calefacción. Añadiría, entre paréntesis, poco. Nimiedades como vi llover, comí sopa, soñé con muertos o trabajé como si me fuera la vida en ello, sobrarían ante el titular de cabecera. Y, ya con calor artificial, elegí música para regalar. Conocí a Chloé Bird cuando tenía una voz maravillosa y componía sus cosas al piano. Años después, mantiene su extraordinaria fuerza vocal y, a su manera, se ha desmelenado. Como todo lo que sale de tierra santa, Cáceres para más señas, un amor.

amaramar

La canción de las 13:57. Unos (yo) poco y otros (él) tanto. El catalán Enric Pellicer encontró inspiración en uno de los lugares de mi vida, las gallegas dunas de Corrubedo, y desde allí no le valió con un brillantísimo proyecto musical en solitario, Belish se llama y es más que notable, sino que se unió a Roi, Darío y Júlia para formar amaramar. Este ‘El mar‘, referencia incluida a los imprescindibles Carolina Durante, habla de un tipo en plena forma artística. Seguidle conmigo.

David Cerrejón y Hertzainak

La canción de las 13:02. Tuve yo un sábado regulero, que acabó peor. Me salvó el cine, el mejor cine imaginable, un auténtico peliculón, una maravilla de escritura, una manera increíble de rodar, un cuerpo actoral magnífico, ni un reproche, más allá de que lo primero que suene sea el espantoso ‘Quédate’ del otro Quevedo. La película es ‘Los domingos’ y es un monumento a la emoción. Y la partitura, firmada por David Cerrejón, madre de Dios. Una obra que incluye el Into my arms, de Nick Cave and The Bad Seeds, ya lo dice todo, pero es que el asunto termina, allí donde la congoja me impide levantarme de la butaca, con una versión exquisita de Aitormena, en castellano, Confesión, de los míticos Hertzainak. Que sigan hablando los del cine español, que me lo dejen todo para mí.