Nina Raku

La canción de las 14:03. Estuve en una boda de las de antes hecha ahora. Hacía décadas que no escuchaba aquello de que la nueva esposa tenía deberes y el novísimo marido, una MISIÓN. En mi cabeza sonó así, en épicas mayúsculas. Reaccioné cagándome en todo, en respetuoso silencio, eso sí, pero me espeluznó volver a oírlo ahora que tanto sé. Disfruté viendo a la gente hacerlo. Egoísta como soy, me gusta creerme lo que acabo de escribir. Lo hago. También lo paso bien, lo sabéis, pinchando en el nombre de una artista desconocida; luego ya va todo seguido, escuchar, sonreír y compartir. Nina Raku es joven y malagueña. Su propuesta es arrebatadora. Y sin deberes.

Los primos chicos

La canción de las 14:57. Nos siguen tomando por primos. En este mismo momento, pese a la que cae, alguien lo estará haciendo por ahí. De mis primos, siempre fui de los chicos, entendido, claro, por pequeños; que de género voy medianamente sobrado. Los cordobeses Antonio, Edu e Isra cantan al odio. Hoy me parece bien.

Esquina Finlandia

La canción de las 14:05. Mi profesor de escritura es tan brillante como rotundo. Asegura, citando a no sé quién, que no hay buenos autores vivos, que hay que morirse para brillar. Bien pensado, quizá sea más rotundo que brillante. Esquina Finlandia ya casi no existen. Se trata(ba) de un quinteto valenciano con notable talento para construir canciones pop y sobresaliente para autodenominarse. Han dicho que, por ahora, lo dejan. Es momento, según mi profesor, de que yo los conozca y disfrute de su música. Nunca es tarde. O sí.

Arena Polar

La canción de las 14:10. Mi sofá va cogiendo, con el paso de los años, un color parecido al de la arena de Roland Garros. Está dando, eso sí, sus últimas tardes de una gloria que un día creí infinita. Pasé la tarde dominical engullido por sus garras disfrutando con el animal murciano. Una inesperada llamada telefónica, todavía hay, no os creáis, dulcificó el medio disgusto futbolero. Hoy, agotado, vuelvo a la arena. Polar, en este caso y directos desde la segunda ciudad más musiquera del país después de la patria de Alcaraz, Granada.

Ángel Stanich

La canción de las 14:04. Permitidme que hoy me explaye, que lo bueno, si medio largo, mucho mejor. Tres años después de lo último, Ángel Stanich saca canción nueva. Hoy es, por tanto, fiesta mayor. Y es con el primer acorde, ¡con el primero!, que ya creo escuchar a Fleetwood Mac; que me recuerdo devorando kilómetros entre playa y playa gallega buscando a John Secada y llamando a gritos al señor Tosco; que me veo, de nuevo, en mi añorada Palencia riéndome de Cristiano Ronaldo. Y es con las primeras palabras que salen de la sin par voz del genio de Santander criado en Valladolid, ¡con las primeras! cuando me felicito porque, por fin, vuelve uno de los más grandes. Y lo hace después de sentirse muy pequeñito, lo que tiene el doble de mérito. En tiempos de fontaneros y cloacas, solo os digo que el último discazo de Rufus T Firefly se titula ‘Todas las cosas buenas‘ y este maravilloso avance de Stanich, ‘Os traigo amor‘. Aún hay esperanza y está, por supuesto, en la mejor música del momento.

Los eternos

La canción de las 14:03. Sea cual sea el tiempo exacto, hace mucho que no estoy en Cedeira. Demasiado sin que me lleve el viento en Herbeira, sin comer percebes en San Andrés, sin acabar con la zorza en aquel garito de madera que había junto al mar. Allí, en el paraíso del Norte, cantan Los eternos en su bellísima lengua galega. Su nuevo disco, San Antonio, es una delicia aumentada por las colaboraciones de la siempre maravillosa Guadi Galego y del brillante Óscar Avendaño. A quien me quiera escuchar: “¿Cuándo volvemos?”

Laia Cartró

La canción de las 14:13. Una vez estuve en Sant Sadurní d’Anoia. Era tan pequeñito que aquello terminaba en de Noya. Echad cuentas. O mejor, no. Mi padre nos llevó, claro, a ver una bodega de cava. Mucho antes de ridículos boicots y anhelos provincianos. Regreso hoy allí con la música y no se me ocurre una mejor manera de hacerlo. Laia Cartró nació en Sant Sadurní hace 30 años y canta como una folkie yanqui de las de toda la vida; esto es, muy, pero que muy bien.

Amber Grimbo

La canción de las 14:15. De la infinidad de misterios insondables que nos rodean, dos son mis preferidos: las serrerías que se podrían fundar en el medio oeste norteamericano con los hipotéticos restos de la cruz de Jesucristo y las infinitas giras que las Hinds llevan años haciendo por allí. Enorme mérito está detrás de esta última realidad, por mucho que yo no lo logré entender. De las Hinds salió, creo que de manera regulera, su batería, Amber Grimbergen. Ahora, con su apellido apocopado, se estrena de manera luminosa. Es pero no es ha llamado a su debut, y no sé si refiere a lo de la cruz o a lo otro.