Daga voladora

La canción de las 15:39. Me gusta cuando las letras de las canciones que por aquí comparto, esté yo alegre o triste, me llevan a una búsqueda en el diccionario de la RAE. Me pasó escuchando lo nuevo de la madrileña Cristina Plaza, alias Daga voladora. No sabía qué era una caléndula. Ahora sí. Dentro de un rato se me habrá olvidado, pero lo importante, dicen los guays, siempre será el camino.

Podenco

La canción de las 16:03. Casi olvidé que tenía un blog en el que compartir lo mejor de la novísima música nacional. Las fiestas, los puentes, el snooker, la lectura enfermiza y los bares de barrio casi lo consiguen. Ya de vuelta a la realidad, diviso a lo lejos un perro esbelto, de esos transversales a la condición humana. Me acostumbré a verlos cuando llegué a uno de los barrios más complicados de mi ciudad natal y con alguno de ellos me cruzo hoy en día, mientras oigo acentos sudamericanos, cerca de donde trabajo. Pensé que era un galgo, pero no, era un podenco. Este Ausencia llega de la escena más oscura de Valencia. Y me gusta.

Nacho Larraza y Fernanda Castro

La canción de las 18:25. Descarté trabajar en el Día del Trabajo del mismo modo que mañana no haré puenting. Hay que ser consecuente. Disfruto, es un decir, de la primavera madrileña y ya tengo banda sonora perfecta para hacerlo. El español Nacho Larraza, músico afincado en Los Ángeles, y la mexicana Fernanda Castro me prestan minuto y medio de belleza mínima y, casi al instante, sale el sol.

Blam de Lam

La canción de las 15:42. Viví la confesión de Sánchez con más nervios que cuando, en Nochevieja, me como tres uvas en los cuartos en previsión de hipotéticos desatranques. Con la seguridad de que el perro es, cada vez, más amigo del hombre, me dedico a lo mío, a buscar y compartir la mejor música nacional del momento. Cuando conocí a los jienenses Blam de Lam, el actual presidente solo era un virtuoso escritor de tweets proféticos. Ahora que, feliz y dichoso, me reencuentro con ellos, más planetarios que nunca, Sánchez sigue siendo un virtuoso. No tengo muy claro aún de qué, pero virtuoso, al fin y al cabo.

Alfonso Ferrer

La canción de las 15:02. “Solo os queríamos decir lo bien que tocáis. Muchas gracias por el inolvidable rato que nos habéis hecho pasar”. Más o menos, esas fueron las palabras con las que ella y yo nos atrevimos a dirigirnos a dos de los cinco músicos que nos habían hecho, de nuevo, soñar con las mejores canciones del mundo. San Sebastián de los Reyes, para siempre Donosti of the Kings, 29 de agosto de 2015. Conciertazo de Jero Romero, el penúltimo antes del final de casi todo. Amable Rodríguez y Alfonso Ferrer se acercan a familiares y amigos después de los últimos aplausos. Esta es la nuestra, pensamos y allí fuimos. Humildes, como las buenas personas. Agradecidos, como los mejores músicos de siempre. De aquella noche imborrable a este día feliz, muchos años de amistad. Soy un privilegiado. Por muchas cosas, pero también porque un buen día, Alfonso me empezó a enseñar sus primeras letras para lanzarse en solitario. Es un músico excelso, pero cantar sus cosas exigía osadía y valor. Una y otro le sobran. Ruptura es su primera demostración. Hacedme caso y disfrutad: habrá más.

Pablo Burgués

La canción de las 15:12. Me gustaría haber compartido apellido con Pablo. Hay palabras que, con el paso del tiempo, perdieron gran parte de su significado; pocas como burgués. Supongo que en algún momento lo fui. Imagino que después, no. Lo que sí comparto con Pablo es educación. Ambos estudiamos en el mismo lugar. No aprendimos lo mismo, claro está. Su talento le llevó a hacer bandas sonoras y, ahora, a cantar en solitario. Este precioso Fuimos selva, con Eric Sanderson a los botoncitos, es mi primera noticia suya. No será la última.

BALONCESTO

La canción de las 18:10. Añoro aquellas pachangas de los martes. Confirmo, y sé que no es el único, que sigo formando parte de un grupo de whatsapp que murió hace años, el día en el que definitivamente nos hicimos mayores y, craso error, subestimamos canastas para valorar rodillas y tobillos. Por si no ha quedado claro, me gusta el baloncesto casi tanto como a estos tres chavales de Madrid que suelen cantar a la vida de barrio. En este caso, en Barcelona.

Ave alcaparra

La canción de las 18:11. Compro alcaparras muy por debajo de mis posibilidades. Pese a su pequeño envase, las uso poco como para plantearme su compra masiva. Me gustan, claro, pero las veo, sigamos con el símil, de guindas a brevas. La próxima vez que me encuentre con una, la saludaré casi romano: Ave, alcaparra. Convengamos que, para nombre de banda, su empleo es discutible. Pero en Murcia, en materia musical, hacen lo que les da la gana. Y ya si haces punk, ni te cuento.