La canción de las 14:32. Solo llego puntual a las citas. En todo lo demás aparezco o tarde, o muy tarde. Por ejemplo, a mi encuentro con la música de este grupazo manchego que hace unos meses decidió dejarlo. No podrían ser otros, no, que fueron Bebes, Vidal, Carlos y Sergio. Calificaban a su música como “un relámpago en la llanura“. Con lo fácil que lo tenían con la preciosa denominación que les daba nombre. Bonita, tú.
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Agua de Madrid
La canción de las 14:14. A diferencia de las demás, lo del agua de Madrid no es una leyenda urbana. Del estilo del periodista objetivo e independiente, eso de que el agua es inolora, incolora e insípida es otra gran mentira, contada, posiblemente, por periodistas objetivos e independientes. Confirmo, después de casi seis años ya en la gran ciudad, que el agua de Madrid está muy rica. Anna y Andrés lo saben y, además, quieren tener un chalet con parquet. Modestamente, prefiero el agua.
Pablo Estallo
La canción de las 14:09. Mi rutina otoñal comienza el día en el que, para comer, me hago pasta con tomate. La frase, así escrita, pues eso, sin más. Ahora bien, si me llamara Pablo Arnal, fuera de Zaragoza, hubiera optado por el discutible Estallo como apellido artístico y, sobre todo, tocara la guitarra y cantara de modo estupendo, todo cambiaría. Hasta para que se me haga insoportablemente corto este minuto y medio de macarrones con tomatico. Lo que es el talento y lo que no.
Monteavaro
La canción de las 14:58. Un mes completo sin compartir canciones. Con sus días calurosos y sus noches aceleradas. Debe ser eso que algunos siguen llamando vacaciones. Descansé como hacía tiempo y eso que no paré de escribir, pero que nadie se preocupe que impublicable es poco. No tuve que buscar demasiado para elegir canción ideal para mi triunfal regreso. Hace unos años, los Monteavaro, haciendo música desde Fuenlabrada, dejaron una de las canciones de la década. Ahora, vuelven con este León, ya con aroma a clásico pese a su tierna juventud. “Bésame otra vez, vamos a volar, quédate así, lejos de mí, inventarnos mil formas, de querernos“, cantan. Pues va a ser eso.
víctor
La canción de las 19:35. Ayer mismo conté las veces que Víctor decía en plan al contar no sé qué de un viaje a Suiza. Lo dejé por aburrimiento. No se puede ser más de su tiempo. Víctor, mi compañero de curro, es uno de los dos componentes de víctor. El otro, oh casualidad, mi casualidad, también se llama así. Andaba alterado (más) estos días. La ocasión lo merecía; han sacado un EP llamado Tiemposmodernos. Al menos al Víctor que yo conozco, ese que reparte abrazos sentidos y entiende difícilmente que, aunque no lo parezca, algunos pasamos de los 30 hace ya unos cuantos, lo admiro muy sinceramente por muchas cosas; de las que más, su valentía al exponerse con sus canciones. También porque, como el resto de mis jóvenes compañeros de trabajo, me abren la cabeza cada día. Pero eso ya no se lo voy a contar por aquí.
Sélpide
La canción de las 19:02. En ocasiones, huyo del pérfido inglés. Hoy no. Sin buscar, como acostumbro, encontré una canción para regalar. Podría haberlo solucionado con un cotidiano “Sélpide canta maravillosamente bien este Red velvet“, seguido de alguna de esas habituales cursiladas que me harían monarca consorte en el país de los ñoños. Pues no. Mi curiosidad enfermiza se pregunta y yo, tonto de mí, mato por buscar respuestas. Resulta que tras Sélpide está la joven andaluza residente en Seúl, Nuria de Andrés Masa, que es una auténtica mujer del renacimiento moderno: además de estupenda cantante, es escritora, directora, fotógrafa, artista en general. “¿Y de la canción, qué? ¿No has buscado nada?”, me pica mi meninge interna, solo satisfecha a medias con mi incompleta indagación. Pues, también. Resulta, del mismo modo, que esta estupenda Red velvet es un homenaje que Nuria hace al grupo de K-pop de ese mismo nombre, justo ahora que cumple su primera década de carrera. ¿Y me sirve para algo todo esto?, me pregunto ahora yo, ante el silencio cómplice de mi meninge externa. Supongo, acierto a decir.
Mondra
La canción de las 21:57. Comparto música tarde, muy tarde, y pelín agotado. Lo hago, pese a estas horas, por varios motivos. El primero tiene que ver con la lengua que utiliza Martín Mondragón, Mondra en los carteles, para cantar: el gallego. Urge mi visita al mar de allí, me lo noto. La segunda razón está relacionada con el título de la canción: Quererse ben. Eso trato. Se me ocurre una última y tiene que ver con arropar, por más que haga un calor de mil demonios. Lo de que lo que regalo es un temazo ni se discute.
Las Nenas
La canción de las 19:38. Desde hoy mismo suplico a la sacrosanta RAE que tenga en consideración la admisión de un nuevo palabro para la próxima revisión esa que hacen para aceptar términos de uso común y, como los antimosquitos, eficacia probada. Allá va: inmoansiedad. No es mío, ya me gustaría, sino de tres chicas, Viviana, Claudia y Naiara, que en menos de tres minutos de canción reparten a diestro y, especialmente, a siniestro por el mayor de los escándalos que, de poder hacerlo, viviríamos. Las Nenas: solo agradecimiento profundo y un pisito, aunque sea en la calle Elfo.
María Hein
La canción de las 13:32. A la espera del bendito empacho olímpico, supero el inesperado periodo de asueto con más dignidad que corazón, incluso, que cabeza. Me distraen estupendas conversaciones de ultramar y la música. El regalo de este viernes parisino cierra un círculo virtuoso. Mis añorados Manel ya utilizaron la tremenda voz de la mallorquina María del Mar Bonet en la canción con la que daba comienzo su último disco largo. Me reencuentro ahora, sudando, pero contento, con aquel Per la bona gent, pero en una nueva versión del original Alenar. La voz culpable, maravillosa hasta el extremo, es la de María Hein, directa desde Felanitx a mi corazón.
Heal
La canción de las 13:16. Fiesta dentro de la fiesta. Alguien decidió festejar al patrón gallego en el centro de la península y nadie, a estas alturas, entendería protestar por ello. Entre sudor y sudor, noches tropicales, bomba de frío y chapuzón, encuentro una estupendísima canción para acompañar el calor tan arquetípico de la canícula reinante. Los componentes de Heal hacen muy buena música desde Barcelona. Este Closer, en inglés paladino, es para cualquier época del año, pero hoy refresca.
