La canción de las 14:05. Reconozco que no veo concursos televisivos. Ni siquiera esos de preguntas cuyas respuestas me sé. Tampoco los musicales. Por eso llego virgen al madrileño Sebastián Cortés. Y mejor así. Sin prejuicios, nominaciones ni aplausos fingidos. Nadie me tiene que decir a mí que este chaval tiene talento. Prefiero enterarme por mí mismo. Y lo hago. Lo estoy haciendo, de hecho. ¿Cómo? Escuchándole y compartiendo. No hay otra.
