Rubén Pozo

La canción de las 14:10. La adorable hija de mis amigos pasa las canciones de Leiva, ídolo de sus padres, cuando suenan en el coche. Ella, casi adolescente, les lleva la contraria y lo acusa de pesado. No llego yo a tanto, que en cierta estima lo tengo, pero sí considero que estos tres minutos de lo último del gran Rubén Pozo superan en clase a la producción completa del delgado tipo del sombrero. Y es que eso de cantar como si Calamaro no se hubiera drogado tanto no tiene precio.

Deja un comentario