Rita Ojanguren

La canción de las 14:22. Escribo de lo recuerdo y, a veces, no recuerdo ni lo que escribo. Hoy, por ejemplo. Parece mentira lo que marcan los apellidos de la infancia. Yo tenía una compañera de clase, Marta, que se apellidaba Ojanguren. Más tarde, pero también antes de ayer, hice buena amistad con su padre, Antonio, el bigotudo profesor. No hace tanto que acostumbraba a regalar flores. Ahora, quizá algo más mustio, tropiezo con la brillante asturiana Rita Ojanguren y todas estas flores.

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