La canción de las 14:51. El único día que comí goulash en mi vida aún no había llegado ni el McDonald’s a Budapest. Conocí una ciudad preciosa, con la soledad que cuentan que perdió hace ya décadas y con cierto aire soviético que la hacía testigo de la Historia. La segunda vez que como goulash en mi vida es hoy y lo hago en formato de proyecto en solitario de Tábata Pardo, a la que recuerdo de su época en las rompedoras Rayo. Por lo visto, me sigue gustando.
