La canción de las 9:25. Si el más pequeño de mis hermanos fuera el líder de un grupo de música, yo tocaría el bajo y nos llamaríamos Me and The Bees, o en su versión patria, Las abejas y yo. En ese caso, improbable que no imposible, unas adorables chiquitas de Barcelona nos pondrían una querella de reposición por apropiación indebida de denominación comercial. Y, sin duda alguna, nos ganarían en los tribunales. A mí, particularmente, hace tiempo ya que me ganaron, como lo hace casi todo aquello que mezcla a raudales talento y sencillez. Yo antes era mucho más de avispas, pero ahora ya no.
