Javier Lanne

La canción de las 15:17. Escuché los primeros versos de Piscina Olímpica hace años. Javi, guitarra en mano, se lanzaba a compartir los compases originales y aquella ya empezaba a sonar bien. Era, seguro, de noche y, o habíamos bebido o nos preparábamos para hacerlo escuchando, siempre, la mejor de las músicas posibles. Aquello sucedía en un entrañable bar, ¡cafetería! escucho que me gritan, de mi Salamanca natal llamada Toro 70. Buena gente aquella, con el gran Cobi al frente. Con una pandemia de por medio y con la brillante producción del insigne Manuel Colmenero, aquella piscina ha tomado vuelo. Y, desde aquí abajo, mola.

Antónimo

La canción de las 14:20. Rezo porque quien esté detrás de este magnífico Antónimo se llame Antonio. No he podido confirmar este dato, aunque también es verdad que no empleé demasiado tiempo en ello. Preferí hacerlo en disfrutar de este estupendo Gitanillo las 3000, en el que participa de manera destacadísima la francesa-sevillana Ana Boheme. El antónimo flamenco lo deberían llamar.

ChivoChivato

La canción de las 15:57. Con cierta sensación de ir a la contra, comparto hoy música hecha por un hombre. Escojo sin orden ni concierto y hoy los tiros han ido por ChivoChivato, el seudónimo elegido por Pepo López, habitual de alguno de los mejores músicos del país, para hacer canciones. Mañana, pasado o al otro, elegiré música hecha por mujeres, como hice la semana pasada, la otra y la de más allá. La cosa es ser feminista, solo faltaba, todos los días. Las mujeres a las que yo más quiero y admiro es lo que quieren. Porque sin ellas, literalmente, no somos. Yo les hago caso.

Barry B

La canción de las 15:35. Llevo años buscando y encontrando buena, y nueva, música española de esa que, injustamente, duerme el sueño de los más justos. Y nunca, hasta ahora, había encontrado una frase que me reflejara tanto como lo hace esta con la que Barry B, originario de la sonorámica Aranda, comienza: No suelo hablar de esto / pero he vuelto a recurrir a los kit kat. Dice tanto de mí que estoy por utilizarlo en mi biografía de Twitter.

Chicharrón

La canción de las 14:26. De pequeño comía chicharrón. Lo recuerdo ahora y, solo de pensarlo, no me extrañaría que lo hubieran retirado de las carnicerías por prescripción facultativa. Seguro que lo hacían en macrogranjas de esas que ni existían. Si sobreviví a aquel cerdo prensado, lo haré a todo, me debí de decir algún día. Y aquí estoy. Esperé al sábado para compartir lo novísimo de Chicharrón. No sé por qué lo hice, pero funcionó. Hoy, con medio sol, suena muchísimo mejor. Alberto M. Vecino lidera, desde Carballo, una banda que, en gallego, ha recetado un disco en homenaje a su madre, recientemente fallecida. Y le ha salido estupendo.

Bernal

La canción de las 15:23. Debes ser muy bueno cuando te conviertes en referencia de alguien; alguien, añado, con dos dedos de frente, que seguro que el odioso Putin es espejo, por mucho que disimulen, para miopes, estrábicos, barbudos vigoréxicos, tuertos y ciegos. Empiezo a escuchar este Parques y se me aparecen los magníficos Cala Vento. Sigo y van desapareciendo, aunque otras agradables influencias asoman. Carlos Martínez-Bernal, Eduardo Nogués, Mikele Morra y Álvaro Martínez son de Valencia y para llamarse escogieron la segunda parte contratante del apellido compuesto del primero. Suenan bien.

Teo Planell

La canción de las 18:28. Fue sentir, de nuevo, el calorcito y tropezarme con una nueva belleza de Teo Planell. Lo descubrí el pasado agosto con aquel maravilloso April, que pasó directo a mi corazón y a las mejores canciones de mi año. Ahora el tipo, también actor y director de cine, regresa con la misma sensibilidad y ese indisimulado talento para hacer modernísima música de ayer. Todo sobra menos tú, canta. Y será verdad.

Montesco

La canción de las 15:12. Aunque, como la cabra, tiro al Norte, viajé al Sur. Trabajé largo y a gusto, con gente estupenda y satisfacción generalizada. Prefiero el verde septentrional, pero una visita a la tierra del flamenco nunca viene mal. Soy lego, cuando no tente, en la materia, mas al final, la música, toda, es universal y el ritmo, mágico, llegue de donde llegue. Al regresar, busco y, sin excepción que confirme la regla, vuelvo a encontrar. Helena, Patricia, Laura, Fran y Antonio hacen buena música oscura desde Barcelona bajo el nombre de Montesco. Para cerrar con otro buen tópico, de los Capuleto, por ahora, no hay noticias.

Derrumbe

La canción de las 14:49. Existe el destino. Si no fuera así, hoy yo habría descubierto un proyecto musical de nombre Felicidad máxima o Sonríe, por favor. Y no, entre bomba y bomba, me tropiezo con Derrumbe. Es el nuevo proyecto de Antonio Trapote, de Aranjuez, ese lugar al que Joaquín Rodrigo, primero, y los Rufus T. Firefly y hasta Bum Motion Club mucho después, pusieron para siempre en el mapa musical de nuestro país. Trapote cantaba hasta hace nada en Ambre. Aquello terminó. Esto empieza. Y muy bien.

Rubén Pozo

La canción de las 15:18. Desperté, perezoso, en una guerra de las de verdad. Prefiero, de lejos, esas otras de pasillos genoveses y puñaladas traicioneras. Era, en realidad, lo que nos faltaba, después de lo que aún no hemos acabado de pasar. Una guerra cerca, televisada, con consecuencias, siempre económicas, para nuestros bolsillos. Suficiente para dar portazo a las otras que olvidamos cada día. Pese a lo horripilante que es Putin, nunca podrá acabar con la música. Suelo tener claro, casi siempre, quién es el mejor en los dúos. Con Ortega y Gasset no fallo. Con Rubén Pozo, tampoco.