Brighton 64

La canción de las 15:10. Cuarenta años llevan haciendo buenísimo rock desde Barcelona los Brighton 64 y es hoy, cuatro décadas después, cuando me entero de que sus líderes, Albert y Ricky, se apellidan Gil como su hermana Ariadna, la portentosa actriz de mi adolescencia. Llego tarde a todo. También leo que son bastante independentistas, pero eso, a estas alturas, y especialmente a las otras, me trae sin cuidado. El caso es que para celebrar su 40 aniversario han editado un disco reinterpretando algunos de sus temas más populares y han tenido tiempo para componer este Al final del huracán, que les retrata de manera estupenda.

Lucía Tacchetti

La canción de las 14:28. Sin saber muy bien cómo, llego a Lucía Tacchetti, argentina de Bahía Blanca afincada en Madrid hace algún que otro año. Si el camino es lo importante, dicen, de este para conocer a Lucía no puedo dar demasiadas pistas. De la meta, sí. Buena música electrónica, acompañada, en este caso, por los valencianos Margarita Quebrada, de los que cada vez se habla más, al menos en el metro y en los autobuses. Lucía dice que estamos solos. Lo de mejor acompañados ya tal.

Frank Gálvez

La canción de las 15:04. Frank Gálvez es un veterano de la música nacional. Colaborador necesario con muchos, ahora se atreve en solitario. Y, aunque esté empezando en esas lides individuales, este final suena, la verdad, estupendamente. La producción de su amigo Guille Mostaza relumbra y los coros, de Aitana Luis y de Valeria, la pequeña de 6 años hija de Guille, llevan la canción a un lugar fantástico.

Alfredo González e Ismael Serrano

La canción de las 13:14. Si yo hubiera comenzado a escribir este modesto blog de música e ilusiones hace 25 años (en aquel tiempo no había blogs ni nada parecido, pero la imagen me viene bien para lo que sigue), Ismael Serrano estaría hasta en la sopa. Cuando éramos, él y yo, jóvenes, le seguí por media España y, aún hoy, sigo creyendo que Vértigo es una auténtica barbaridad de canción. Ahora soy otro, muy diferente, pero Serrano se ha cruzado felizmente en el camino con un más que habitual de estos lares. Al asturiano Alfredo González le conozco desde que no era grande y libre su Madrid. Y ahí seguiré.

nam

La canción de las 18:25. Los ingleses, fuera o dentro, qué más da, siguen dominando el relato. Pendientes de una reina inmortal nos tienen. Más que si fuera la nuestra. Como acostumbro, sorteo la espera con música de esa que solo se escucha aquí. nam, así, en minúsculas y tal, creo, es el nombre inventado por el joven valenciano Yago Tarrasó para hacernos bailar. Conmigo, al menos, lo consigue.

Leia Destruye

La canción de las 15:58. Creo recordar que nunca me confirmé. Es más, si no me acuerdo es que no lo hice. Eso sí, sirvan estas líneas para confirmar, de manera más que firme, que Leia Rodríguez, ya sabéis, componente de Mourn e hija de Ramón Rodríguez (AKA The New Raemon), hace canciones poderosas. Ya lo era aquella Camino de vuelta. Y, por difícil que pudiera parecer, lo es aún más este novísimo Tentar a la suerte. Nunca una destrucción fue tan constructiva.

El Gavira

La canción de las 14:18. De nuevo sucedió. Cuando creía que no iba a encontrar a alguien nuevo que hiciera buena música, llego a Pablo Gavira y me tapa la bocaza por completo. “No hago música buena, hago música pegadiza“, cuenta en su presentación como El Gavira. Niego la mayor, la menor y la de en medio. La jodienda máxima es una buena canción. Más aún si se conoce la historia que está detrás de su creación. Pablo fue uno de los jóvenes actores que actúan en esa preciosidad que Jonás Trueba hizo bajo el título de ¿Quién lo impide? Cuando les premiaron en el Festival de San Sebastián, a Pablo le dio un ataque de ansiedad y apenas lo pudo disfrutar. Querer sentirlo todo / y no sentir absolutamente nada / es una mierda, pero es algo que pasa / es la jodienda máxima. Eso pensó y eso, para regocijo de todos, ha decidido ahora cantar.

Ultralágrima

La canción de las 15:22. No sé prácticamente nada de quién está detrás de Ultralágrima. Y el prácticamente es, evidentemente, un eufemismo. Y sí, me chiflan los adverbios acabados en mente, pero sobre todo, o mejor, básicamente, por su lúcido final. ¿Cuánto tiempo llevas huyendo? me pregunta, porque me lo dice a mí, machaconamente (¿veis?). Y, la verdad, es que no sé muy bien qué contestar. ¿Y tú?