14 de mayo. My Yellowstone

La canción de las 14:17. Creo que conocí antes el parque de Yellowstone que La Alamedilla, el más popular de mi ciudad. De oídas, claro. Allí vivía el oso Yogui y aquello era serio. También lo es hacer rock clásico con la que estaba, y está, cayendo. Mucho más seguir cantándolo en inglés siendo, como FJ Curra y Dani Kussa, principales artífices del invento, de Sevilla. Viva el oso Yogui, viva Bubu y vivan los músicos valientes.

13 de mayo. Enol

La canción de las 16:21. Hoy hace tropecientos años que entré por primera vez en el Calderón y no fue a ver a mi Atleti querido, sino a disfrutar de mi más idolatrado aún Mark Knopfler y sus imperiales Dire Straits. Sirva la efeméride como prolegómeno a mi eclecticismo musical. He dicho mil veces que el rap me gusta los primeros diez minutos, luego ya me aburre. Como esta pieza de Enol, asturiano como los míticos lagos, dura menos, pues me mola. Knopfler y la postmodernidad de un tipo que canta: “… Yo que perdí en semifinales / de ser el hombre de tu vida / Aunque ahora le gusto a cincuenta / tiramos la Champions pa ganar la Liga…”. Música, al cabo y al fin.

12 de mayo. Izaro

La canción de las 17:53. Nunca, creo, tripití con semejante velocidad. Hace solo tres años caí, obnubilado, aún lo recuerdo, ante una chica que cantaba en un euskera resplandeciente. Se llamaba Ízaro y era natural de Mallabia, en ese particular paisaje vizcaíno fronterizo con Guipúzcoa, con Ermua y Eibar a un paso. Caí rendido, repito, con aquel mágico Koilarak (Cucharas). El pasado mes de octubre designé, con todo boato, Invierno a la vista, con el universal Xoel López, como la canción más bonita del año. Del pasado y de cualquier otro. Pero es que ahora ya tengo elegida la canción más preciosa de todo el confinamiento. Se haga lo que se haga, y mira que se ha hecho ya, de aquí en adelante. Se titula Tiempo ausente y es, también, mágica. La letra es un primor, aunque me quedo con ese final Busco toda la fe en la que nunca creí. Amén.

9 de mayo. Íñigo Soler

La canción de las 12:40. Después de habernos conocido en el salón / sacaremos a la calle nuestra mejor versión“. Lo canta, sincero, el valenciano Íñigo Soler en una de las mejores demostraciones de talento de lo que va de confinamiento y, lo siento mucho amigos, pero no sé si creérmelo del todo. Me gustaría hacerlo, pero, viendo lo que veo, me cuesta. Como es lo único que está en mi mano, me limitaré a sacar yo mi propia mejor versión. El primer paso será seguir polinizando belleza por aquí en forma de bonitas canciones. Así lo hago.

8 de mayo. St Woods

La canción de las 17:10. Lo sencillo sería comparar a este madrileño llamado Nacho García, de nombre artístico St Woods, con cantantes yanquis de buenísimo gusto. La lista sería tan breve como selecta. Pero hoy prefiero centrarme en el disfrute que me provoca su infinito talento, aquel que hace más de un año encontré en ese glorioso On Me, y que ahora aparece en el mercado en forma, por fin, de fantástico disco.

7 de mayo. Confeti de Odio

La canción de las 15:58. Era jueves y, aunque probablemente no lo supiéramos, éramos felices. Mediados del pasado mes de octubre en una sala madrileña. Rodeado de veinteañeros, yo no, disfruté con la atrayente rareza de Lucas de la Iglesia, el extraño chavalote que como Confeti de Odio había pasado un año antes por este blog abierto, sobre todo, de orejas. Ahora, Lucas ha sacado su primer disco y, alejado de las bases programadas con las que se presentó en solitario aquella noche feliz, deja cosas muy interesantes. Hay canciones que me gustan más, especialmente Mi funeral con esos ecos hasta de Deluxe, pero como esa no tiene vídeo, hoy rescato de un disco muy interesante, este carolinadurantiano Muchísimo.

6 de mayo. The New Raemon

La canción de las 18:48. Pocos han pasado tantas veces por aquí como el catalán Ramón Rodríguez. En los albores de este mágico y modesto blog de música e ilusiones, se dejó caer cantando con María Rodés, y después, junto a Ricardo Vicente y Francisco Nixon, en aquel maravilloso e irresoluble problema de los tres cuerpos que me volvió loco perdido. Compartí, en su día, canciones de su grupo Madee y hasta de Mourn, el de sus hijas Jazz y Leia; nombrazos, por cierto. Esta mañana desperté con su nueva canción y, además de magnífica, comprobé que pronunciaba menos la letra T que de cosTumbre. Y, además de disfrutar, sonreí. Mucho. Bromas aparte, este El árbol de la vida, es una primorosa preciosidad.

5 de mayo. Sebastián Cortés

La canción de las 14:05. Reconozco que no veo concursos televisivos. Ni siquiera esos de preguntas cuyas respuestas me sé. Tampoco los musicales. Por eso llego virgen al madrileño Sebastián Cortés. Y mejor así. Sin prejuicios, nominaciones ni aplausos fingidos. Nadie me tiene que decir a mí que este chaval tiene talento. Prefiero enterarme por mí mismo. Y lo hago. Lo estoy haciendo, de hecho. ¿Cómo? Escuchándole y compartiendo. No hay otra.

4 de mayo. Rusos Blancos

La canción de las 16:19. Es oficial: No hay canción de Rusos Blancos que no me guste. Ni siquiera las nuevas. Después de dos años y pico sin material inédito, lanzan ahora este, como siempre, corrosivo Más miedo que vergüenza. Cantada con el personalísimo estilo de Manu Rodríguez, que rima ripios como si de monumentales sonetos se tratara. Lo digo siempre: pocos, quizá ningún grupo español, tiene tan claro qué es exactamente el buen pop.