La canción de las 8:59. Aunque Dios no me ayude en demasía, madrugo. Voy por la calle con las orejas bien abiertas, lo que me cuentan, y sobre todo lo que me cantan, me entra por un lado y por ningún otro me sale. Hace unas horas, solo unas pocas horas con sus muchos minutos y sus más segundos, me hablaron de El Kanka y acto seguido ya está entre mis predilectos. Os lo dejo en prenda junto a su inseparable “Manin”, fiel a ese monumental cajón que suena como debía de sonar la música en aquel orgiástico jardín de las delicias. Esta vez no os lo pido, directamente os lo exijo: disfrutad conmigo.
