La canción de las 14:25. No lo contéis, pero viajé en estas vacaciones. Necesitaba hacerlo y, por eso, me fui. Del salón, ni siquiera en un ángulo oscuro, sino directamente del salón al cuarto de baño. Pero me cundió y tengo para contar anécdotas que no cabrían en un libro gordo. Regreso a la música, a la nueva y nacional, a esa que no suena ni en cuarentena confinada, ni tampoco en confinamiento acuarentenado. Imagino que Irenegarry se llamará Irene, aunque ni de eso estoy seguro. De lo que sí estoy es que tiene hermosa voz. Y con eso, en este lugar, suele bastar.