Un bote de Don Limpio. La Bien Querida en concierto.

Sobre qué hacía yo en Hospitalet de Llobregat la noche del pasado sábado se podría escribir todo un libro, mas a casi nadie le importaría lo más mínimo. A ochocientos kilómetros de casa, si es que hogar tengo, pero a muy poquitos del mar. Suelen ser consideradas como coyunturas aquellas ocasiones que, por no habituales, se aprovechan para realizar lo inexplicable y ésta fue una de ellas. Minutos después de que Enric Montefusco, cantante de Standstill, me preguntara en plena calle por un cajero de La Caixa, decidí continuar con mi noche de locura apostando por ver a La Bien Querida en concierto.

Y acerté.

Se empeña Ana Fernández-Villaverde en ensuciar el sonido de aquellas canciones que hace años brotaron cual acústico romancero. Me empeño yo en adquirir botes y botes de Don Limpio para seguir disfrutando a raudales de su cada vez más poderosísimo directo. Es Ana, la Bien Querida de aquí en adelante y también de aquí para atrás, una de las mayores causantes de mi apertura musical, de que me haya convertido en una auténtica esponja, de que no me den igual ni ocho ni especialmente ochenta, de que mi dial se haya transformando en un mosaico de pinturas a cual más rara; de que, en fin, me rebele ante el riesgo de perderme el talento existente en gran parte de esa música nacional que huye de las patéticas radio fórmulas de turno.

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Es un concierto de La Bien Querida, al menos lo fue en grado sumo el del Let’s Festival al que asistí la otra noche, una perturbadora comunión de amor y sintetizadores. Nadie, ni de aquí ni de allí, emplea tanto en sus canciones las palabras “Te quiero” como esta lacónica bilbaína. Me río yo de almíbar y de pasteles, de telenovelas venezolanas, de bisbales y bustamantes. Me encantó sorprenderme cantando a voz en grito esa preciosidad llamada “Muero de amor” mientras veía a un fornido alemán aporrear una batería electrónica de esas de las de antes.

Y no era solo yo, que allí estábamos unos cuantos cientos de tipos haciendo eses de amor con las caderas, reconociendo poderes extraños, sabiendo que el 9.6 indica nuestra frecuencia favorita y, sobre todo, creyéndonos a pies juntillas eso que de que si la pena matara, ya nos hubiéramos muerto todos nosotros.

Seguiré, y a bastante honra, teniendo que explicar qué conciertos voy a ver. Continuaré inventando circunloquios para no explicar que La Bien Querida es una tipa vasca que canta al amor abducida por melodías cibernéticas y oscurísimos sintetizadores. Aunque sea un esfuerzo, y a veces ni eso.
Fecha: 28 de marzo de 2015.
Lugar: Salamandra 2 (Hospitalet de Llobregat).

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