28 de mayo. Rana Santacruz

La canción de las 22:38. Autoficción: “¿Y hoy no vas a poner canción? Que es domingo”, me dice el quiosquero de abajo que acaba de instalarse una máquina de autocobro muy molona. Menos ficción: “Tengo un día regulero, el destemple me invade”, le contesto agradeciéndole el inventado interés. Decido no regalar nada, o más bien, esperar a la penúltima hora para compartir mi último y semifebril descubrimiento. Absoluta realidad: Rana Santacruz, juro por el Cholo que así se llama, es mexicano y hace música que él mismo autodefine como “Irish mariachi”, probablemente la mejor forma de explicar esta bellísima canción de amor dedicada a una mujer de nombre Loopita. Cambiad el nombre y ya veréis cómo funciona. 

27 de mayo. Ex-Otago

La canción de las 12:57. Una semana antes de la cita, decido empezar a hacerme un poco italiano. Les odio desde que tengo sentido del odio, pero me he hecho mayor. Pasta aparte, ningún motivo mejor para comenzar el acercamiento que la música. Busco y al momento encuentro a Ex-Otago. Y ellos me estaban esperando. Lo sé por varios motivos: primero porque su primer nombre, Otago, hace referencia a un equipo de rugby neozelandés, el mejor deporte que nunca ha existido, que ganó cuando nadie lo esperaba. Cinco minutos después de decidir su nombre, solo cinco, pensaron que ya no les gustaba tanto y por eso son Ex-Otago. Segundo, porque uno de sus discos se llama Marassi, como el mítico estadio de fútbol, el mejor deporte que nunca existió, de su Génova natal. Penúltimo porque trabajan con una productora que se llama Garrincha dischi, como el genio brasileño al que solo le faltó jugar en el Atleti para aumentar su leyenda. Por último, porque me gustan.

26 de mayo. Coque Malla

La canción de las 19:43. Probablemente sea Coque Malla el cantante español al que he admirado, y lo sigo haciendo, durante más tiempo. Líder del mejor grupo de rock de la España de los noventa, los imprescindibles Ronaldos, todo lo que hizo entonces y hace ahora merece mi más sincero respeto y provoca mi más indisimulado disfrute. Hablan de que su disco más reciente, “El último hombre en la tierra”, es estupendo y, probablemente, se queden cortos. De él rescato hoy, a tardías deshoras, esta fabulosa señal en la que por una ventanita se cuela el primaveral aroma de The Divine Comedy, del también grande Neil Hannon. Disfrutad, que para lo otro siempre hay tiempo.

21 de mayo. It's not not

La canción de las 13:47. A la espera de disgustos futboleros y de lloronas despedidas, un rato de política musical, aunque sea ficción. No es no, dijo un señor alto hace tiempo. Ahora creo que dice lo contrario. Primarias suena a primos. Socialista suena a antiguo. Obrero a piropo y español a Tamudo. Partido, a por la mitad. No es no. It’s not not son de Barcelona y me despertaron de buena mediodía con música de toda la vida con más futuro que la del viejuno socialismo español. Y mientras, un señor de mi añoradísima Pontevedra acariciando un gatico y un monete. 

20 de mayo. Tremenda trementina

La canción de las 12:49. Como bien sabéis hay muchos grupos a los que llego por sus fantásticos nombres. Encuentro a Adriana De la Fuente y a Pablo Villafranca camino de su Pamplona natal y, llamado por aquella denominación tan surrealista de Tremenda Trementina, me paro a escuchar la música que hacen. Como no podía ser de otra manera me gusta lo que oigo. Quizá si se hubieran llamado Los Del Río no les habría prestado la más mínima atención. Esta buenísima canción se llama “Solo”, así, sin tilde, como dicen ahora que debe ser. “… Ya no vendré a salvarte / ya no estaré para escucharte…”.

13 de mayo. The Lucilles

La canción de las 13:48. Tal día como hoy de hace tropecientos años lloré por primera vez en el Calderón y no fue por ningún de mi querido Atleti, sino por los acordes de guitarra de Mark Knopfler y sus amigos. A moco tendido lo hice. Ayer no llegué a tanto, pero unas cuantas canciones del bueno de Iván Ferreiro provocaron en mí un cúmulo de emociones difíciles de calibrar. Será que estás sensible, me dijo ella un día. Será que el día que decidí sentir lo hice sin viaje de vuelta, pienso ahora yo. Con la música siempre en el medio de todo, el regalazo de hoy es, que diría mi tío, de embute. Lucille Hurt es mucho más bella que buena cantante, solo hace falta verla y escucharla para comprobarlo. Lidera un grupo multinacional radicado en Madrid que hace, sin exagerar, el mejor soul del momento. Exagerando, me hacen llorar. 

7 de mayo. El último vecino

La canción de las 19:14. No encontré canciones para mi madre, mas un par de besos de buena mañana suplieron la carencia musical. Ahora tengo vecina, pero el último con el que compartí pasillo no me caía demasiado bien. A la nueva, dos de cada tres viernes, le coloco el felpudo que levanta el amable hombre de la limpieza. Uno de cada tres, ella hace lo propio. Imagino que no sabe que escribo sobre ella. “Antes de conocerme”, canta Gerard Alegre, el líder de El último vecino, uno de esos grupos en los que antes nunca me hubiera fijado y ahora sí. A veces, con cambiar es suficiente. En ocasiones, hacerlo para bien es insuperable. Como yo con mi vecina.

6 de mayo. Joe Crepúsculo 

La canción de las 14:55. No me gusta madrugar y para mí que siempre fui noctámbulo. De noche pasan cosas. En la de ayer, sin ir más cerca, me descubrieron está versión del clásicazo de El último de la fila “No me acostumbro”. Ahí la tienes; para tu blog, me dijeron con indisimulado cariño. Y yo, ruborizado ante el afecto desmedido, tomé nota. Ayer me gustó más que hoy escuchar a Joe Crepúsculo acompañado de mi musa La Bien Querida y de su pareja David Rodríguez, pero como no recuerdo qué era eso que había que hacer con los caballos regalados, ahí va la rareza. En todo caso, no me acostumbro. Sigo sin acostumbrarme.