6 de noviembre. El Hijo

La canción de las 15:36. Tuvieron que ser amigos de penúltima generación los que me inyectaran en vena el gusto por Migala, grupo antes desconocido y luego imprescindible, comandado por el renacentista Abel Hernández. Desde su lamentada disolución, Abel continúa haciendo música desde Gijón y bajo el familiar nombre de El Hijo. Su impactante Quebradizo y transparente me taladró la cabeza hace un tiempo. Acaba de regresar, sin perder un ápice de adorable rareza, aunque ahora aderezada con dosis de electrónica digital y con la sugerente voz, al menos en este “Nuevo brutalismo”, de Laura LaMontagne.

5 de noviembre. Los Mejillones Tigre

La canción de las 15:54. De cuando en vez me gusta imaginar cómo serán esas reuniones en las que se elige un nombre para tu grupo musical. Pongámonos en situación. Iñaki, Fiti, Josete, Luisma, Dani y Ramón, seis tipos de Jaén, deciden, que ya es mucho decidir, hacer un grupo que mezcle de todo, pero especialmente: boogaloo, cumbia, mambo, psicodelia, rock, soul; vamos, un poco de todo. Vale, pero ¿y cómo nos vamos a llamar? Y va uno y dice: ¿te acuerdas de lo buenos que estaban los mejillones tigre que ponían en aquel bar? Pues eso. Menos mal que no recordaron aquel otro en el que probaron por primera y última vez las gallinejas y los entresijos.

4 de noviembre. María Guadaña

La canción de las 14:42. Una pieza me sacó del tedio mañanero de camino a mis labores. Pero del todo. Ni idea tenía yo de la existencia de la jienense Herminia Martínez ni de su brillante seudónimo musical, María Guadaña. Y esto que hoy comparto de ella, la originalísima “La no novia“, directamente me entusiasma. Intento evitarlo, pero casi siempre, al escuchar algo nuevo, busco referencias. Como esta que se me ocurre es tan buena, lo diré: creo que Ángel Stanich tiene mujer.

31 de octubre. Olympic Flame

La canción de las 18:48. Ni truco ni trato, ni ridículas tradiciones inyectadas en sangre. Si acaso, honrar a los muertos, que de eso se trataba esto. Los empezaré a recordar con música. Con una llama olímpica que llega desde Barcelona, ¿desde dónde si no? Olympic Flame son un cuarteto que hace música deliciosamente clásica para oídos modernos. Con ellos me acabo de tropezar. Y aquí me quedo.

30 de octubre. Miquel Vilella

La canción de las 18:20. Evidentemente, me da lo mismo no saber lo que canta Miquel Vilella en este adictivo “Els fans de l’amor nord-americà” para saber que es un trallazo de tema. Y, muy probablemente, la mejor forma de acompañar a este día que, pese a lo que diga el mentiroso reloj, comienza a languidecer. Leo que Vilella es de Reus y que antes tenía un grupo llamado The Mighty Fools. Datos relevantes, pero no para plantear si quiera la calidad del indiscutible temazo.

29 de octubre. Single

La canción de las 15:36. Si lo de hoy no es una delicatessen que baje quien que tenga que bajar y que vea lo que tenga que ver. Ibón Errazkin y Teresa Iturrioz son historia viva de aquella música donostiarra de los noventa que sonaba a pura poesía. Grupos magníficos como Le Mans, Family, Aventuras de Kirlian, La Buena Vida por supuesto, que suenan ahora a gloria bendita. Errazkin e Iturrioz acaban de reaparecer con su grupo, Single, y eso significa que el mundo es mucho mejor. Comparto hoy “El roce“, con una coda espectacular: Javier Aramburu, diseñador gráfico, autor de algunas de las mejores portadas de la música nacional, y componente de Family, recita No decía palabras, de Luis Cernuda. Casi nada. ¿Era o no delicatessen?

28 de octubre. Miguel Iglesias y Los Carnales

La canción de las 14:36. Acabo de descubrir a Miguel Iglesias. Y eso que, pese a su insultante juventud, lleva media vida en los escenarios. Se hace acompañar por una bandaza llamada Los Carnales, entre los que reconozco al paisano Javi Delgado. En este fenomenal “Maravillas“, que suena al mejor Sabina de los noventa, le acompaña Rubén Pozo, cada vez más asentado como la mitad menos conservadora y más original de los Pereza.

27 de octubre. Druso

La canción de las 12:51. Una única cosa falla en el regalo de esta mañana dominical de una hora más. Vayamos, primero, con lo mágico. Para empezar, Druso se llama así; Druso no es un nombre artístico, sino real. Sigamos con que es gallego. Continuemos con que siempre me llamaron la atención los drusos, un millón de tipos en todo el mundo que, por aquello de no complicarse la vida, creen a la vez en Jesucristo y en Mahoma, pero también en Platón y en Sócrates. Pero no os vayáis todavía, que aún hay un par de detalles fantásticos: esta canción se llama “Passing Breeze” y a mí esas dos palabras me llevaban a algo inopinado de mi más profunda infancia. Efectivamente, era una de las musiquitas con la que jugábamos al míticos Out Run. Esta en concreto.

Y lo mejor de todo es que suena fantásticamente bien. ¿Y cuál es el error ese del que hablabas antes de semejante perorata que no interesa a casi nadie?, escucho preguntar desde aquel rincón del pequeño salón luminoso desde el que escribo. Pues que esta canción tiene un par de años y no he vuelto a saber nada del tal Druso. Si alguien sabe algo, que no se lo calle. No estamos como para perder talento de semejante manera.

26 de octubre. Izaro

La canción de las 12:41. Ten hermanos para esto. El pequeño de ellos me despierta, tarde por fin, con el regalazo del día. Y a mí, con una simple y mera escucha, me entran las prisas para que el mundo sea igual de feliz que yo. Hace un par de años quedeme asombrado con la fantástica voz de Izaro, una joven bilbaína que cantaba en euskera de manera absolutamente deslumbrante. El próximo año sacará su nuevo disco y el adelanto no puede ser más precioso. Ya sé que cantar una canción bonita con el imperial Xoel López es garantía de triunfo, pero ahora lo sé más. El coruñés universal jamás pone impedimento para compartir su infinito talento, buena prueba de generosidad desbordante. Este delicioso “Invierno a la vista” le va a gustar tanto a gente a la que tanto quiero que este sábado ya ha merecido la pena.

24 de octubre. Bertt Que

La canción de las 14:38. No, no me he equivocado al escribir el nombre de mi invitado de hoy; de ese en el que, sin buscarlo, he encontrado lo que yo andaba buscando: una buenísima canción. A Alberto Quesada sus amigos le llaman Bertt Que. Ya tienen que ser ratos sus colegas, pero a él, y a mí ya un poco también, le pareció una fantástica denominación para su aventura musical en solitario. Dice que Tom Petty le vuelve loco. Con eso, en principio, ya bastaría.