26 de octubre. James

La canción de las 11:32. Cambié la hora, pero me pasé. Retrasé, en principio, los sesenta minutos pactados. Sin embargo, el calendario de mi habitación, autónomo él, retrasose una hora y 21 años, cual condena carcelaria. Aún impresionado por el regreso al pasado, pude pensar durante un segundo y raudo y ante la ausencia del ordenador aún no concebido, encendí la radio. Y allí sonó este vibrante “Sometimes” de los ingleses James, leído como todos lo aprendimos y no con la “J” futbolera de ahora. Y no pude parar de moverme al son de la musicaza de toda la vida. Exactamente 4 minutos y 37 segundos después aquello volvió a la rutinaria normalidad. Llamaron a la puerta y un oscuro tipo vino a reclamarme lo bailao para quitármelo. Me resistí y vencí. Para siempre.

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