La canción de las 12:35. Andaba yo ocupado en pensar que la perfección no existía. Estaba prácticamente convencido del particular. Pensaba en canciones, en películas, en libros, en mujeres, que bien podrían romper con el axioma. Pero no, algún detallito nimio siempre dejaba a la regla sin excepción. Hasta ayer. Sobre los infinitos títulos de crédito de la más que apreciable película “Todos lo saben”, una maravillosa voz me mantenía pegado a la butaca hasta comprobar quién era su propietaria. Y era Inma Cuesta, la fenomenal actriz a la que sigo desde la gloriosa “Primos”. La perfección, amigos, era esto.

 

Anuncios