La canción de las 13:02. Fui chaval raro. Siempre me gustó retar a mi memoria, aunque ahora ya no recuerdo muy bien para qué lo hacía. Acostumbraba a coger una hoja de aquellas en blanco solo manchada por la perfecta cuadrícula y en ella escribía, uno a uno, los 50 territorios que un buen día decidieron unirse para ser dueños del universo. Siempre me quedaba a falta de uno para completar el mágico círculo yanqui, pero ese uno nunca era el mismo. Recuerdo bien que jamás olvidé Nebraska. Hoy, tampoco. Será mi redención.

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