La canción de las 13:48. Tal día como hoy de hace tropecientos años lloré por primera vez en el Calderón y no fue por ningún de mi querido Atleti, sino por los acordes de guitarra de Mark Knopfler y sus amigos. A moco tendido lo hice. Ayer no llegué a tanto, pero unas cuantas canciones del bueno de Iván Ferreiro provocaron en mí un cúmulo de emociones difíciles de calibrar. Será que estás sensible, me dijo ella un día. Será que el día que decidí sentir lo hice sin viaje de vuelta, pienso ahora yo. Con la música siempre en el medio de todo, el regalazo de hoy es, que diría mi tío, de embute. Lucille Hurt es mucho más bella que buena cantante, solo hace falta verla y escucharla para comprobarlo. Lidera un grupo multinacional radicado en Madrid que hace, sin exagerar, el mejor soul del momento. Exagerando, me hacen llorar. 

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