La canción de las 13:25. Rara vez repito. No por carecer de motivos para hacerlo, sino por ampliar el espectro, que diría el grandilocuente crítico musical. Lo hago con Guillermo Farré por una lista casi infinita de motivos: el primero, obvio, porque me da la gana; el segundo, porque sabéis que me chifla compartir belleza y, por último, y no por eso menos importante, porque hace un par de añitos le vi en uno de esos conciertos en los que hay más gente encima del escenario que fuera de él. Y sonrió y tocó. El proyecto de Farré es Wild Honey y, ahora en fantástico castellano, me encanta. Este “Mapa de zonas desiertas”, por ejemplo, para empezar. 

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