La canción de las 16:58. Sólo sorprendo cuando merece la pena. Lo hago a media tarde porque he de proclamar a los cuatro vientos que las adolescentes de este país nuestro no están perdidas. Ellos imagino que sí, mas no ellas. El grandérrimo Juan de Pablos (¡Gloria eterna a su imprescindible flor de pasión!) pinchó el otro lunes en la única radio que se puede escuchar a unas niñas que se hacen llamar Las Auténticas. Y lo son. Niñas y auténticas. No sé cuántos años tendrán, pero entre las cuatro me llegan a mí, adolescente inacabado.

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