La canción de las 14:04. Me desperté electrónico y me puse a limpiar el baño. Si hubiese amanecido folclórico, no tengo ni idea de qué hubiera limpiado, pero algo seguro. Más que nada por lo sucio que casi todo me parecía. Al ritmo de una barcelonesa de nombre artístico, no sé si real, Brigitte Laverne y sus múltiples sintes, dejé la taza del váter como la patena. Y el asunto, en la mayoría de las ocasiones, áspero y pesado, se tornó en cercano a lo brillante y espectacular. La música, la buena, y sus cosas.

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