La canción de las 21:36. A deshoras como éstas tan solo soy capaz de compartir música bella. De aquellos a los que compulsivamente escuchaba hace más de dos décadas, pocos quedan por pasar por aquí. Si acaso, Will Ackerman. Y no es un cualquiera, sino todo lo contrario. Esa manera de tocar la guitarra le hacía inconfundible. Fue fundador de la compañía discográfica Windham Hill, la más renombrada en mi cabeza en aquellos años. Su música, ideal para, por muy asqueroso que haya sido el día, tratar de descansar.

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