La canción de las 12:59. Al despertar, ya noté que alguien me llamaba por el lado de la tranquilidad. Hoy al menos, no quería guitarras ni ruidos de batería. Solo piano y voz. Me puse a buscar y, de repente, apareció Fredi Leis. Y escuchándole me quedé. Y ahí sigo. A gusto. Seguro que hemos tomado más de un ribeiro en el mismo bar de Santiago. Apuesto a que, como yo, sabe que el O’46 es el otro lugar sagrado de aquella ciudad santa. Días grandes he vivido allí. Él, también.

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