La canción de las 22:46. Cuando las cosas se medio tuercen, por reducción al Pedro Ximénez, esto es, al absurdo, se medio arreglan. No son horas para casi nada, salvo para regalar música. Mi quehacer periódico me llevó hasta tarde. Cuando la espera no es desesperada, el premio se hace aún mayor. En mi único bar de confianza, suelen poner esta barbaridad en su impecable versión moderna. Para vosotros, rescato su versión original. Descansad bailando.

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