La canción de las 11:53. Un día internaré en un centro de desintoxicación de curiosidad. Me pierde. Me pierdo. Si, buscando música, encuentro un grupo que se llama Dulce y Agraz, sufro un episodio crítico, un traumático brote de esa mi enfermedad predilecta. Descubro que agraz es palabro castellano y que, de sus múltiples acepciones, la de desagradable y molesto, ha de ser la elegida más que nada por contraposición con lo dulce. Preso de galopante curiosidad, continúo descubriendo música chilena e imagino que no acabaré nunca. Las puertas y el campo. La preciosa voz de Daniela González comanda esta última propuesta, ideal, también, para la tranquila mañana sabatina.

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