La canción de las 13:56. Vivimos a la espera del siguiente golpe mortal. Se producirá, sin duda, pues la mente humana es, para lo bueno y especialmente para lo muy malo, completamente inexcrutable. Al menos, que no es poco, vivimos. Y, frente a la barbarie, banderitas de redes sociales aparte, seguimos haciendo nuestras cosas. Afortunados somos. Entre las mías preferidas, escucho música. Especialmente de esa que, sin yo saberlo, me calma. Los fantásticos canadienses Timber Timbre hicieron esta maravilla en 2009 que lo consigue. Probad. Seguro que no soy el único.

 

The 13:56 song. We live waiting for the next fatal blow. It will occur, certainly, because the human mind is, for better and especially for worse, completely inscrutable. At least, more than enough, we live. And, against barbarism, flags of social networks aside, we keep doing our things. Lucky us. Among my preferred ones, I listen to music. Especially that one which, unbeknownst to me, calms me down. The fantastic Canadian Timber Timbre made in 2009 this wonder that gets it. Try. Sure I’m not the only one.

Anuncios