La canción de las 17:44. Tengo tanta vida interior que estoy pensando no volver a usar calzoncillos. Escribo vespertino y descansado. No es habitual, ni lo uno ni lo otro, ni tampoco lo de los calzoncillos. Regreso del festín sonorámico encantado de haberos vuelto a conocer y de reencontrarme. Me habían puesto carteles para hacerlo, mas yo, como acostumbro, preferí seguir a mi intuición. A veces haciendo esto la cago y para esto último no sé si es suficiente con mi potente vida interior. En fin, tras el desparrame arandino, la paz y el sosiego. ¿Dónde? En la música desconocida, por supuesto. Hoy, en la de este encantador quinteto mestizo radicado en Londres que ya desde el nombre, enamora.

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