La canción de las 12:08. Regreso, descansado, del cansado descanso musical en la tierra prometida. Todo un lujo a mi alcance. Allí, en las bajas rías gallegas, disfruté mucho, sin apenas mesura, pero de nuevo lo hice con una de las bandas que mejor música hacen en directo hoy en día en nuestro país. La demostración de que tres nunca son multitud y de que el bajo es, a veces, un instrumento auténticamente prescindible. Vivan los chicos de Arizona Baby, viva ese buenrollista maravilloso llamado Javier Vielba (“¡Javiiiiiiiiiiii!”) y, especialmente y por encima de todo, viva la languidez infinita.

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