La canción de las 17:24. Recuerdo un día en el que cumplí años, como el de hoy, en el que mi regalo fue ver en directo, una vez más, al genial Phil Cunningham. Aunque hoy reciba regalos casi mejores, no puedo por menos que compartir con todos vosotros la belleza en su inimaginable grado máximo. Aquí, el monstruo escocés se hace acompañar por su inseparable Aly Bain y los magníficos John Mc Cusker y Michael McGoldrick. Casi nada al aparato. Más de media adolescencia, de esa que aún no he terminado, se esconde tras todos ellos. Que no pierda nunca las ganas de llorar de emoción que siento cada vez que les escucho tocar. Seguiré vivo. Y vosotros conmigo.

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