La canción de las 9:09. Madrugo, básicamente, para que mis amigos me ayuden. Y lo hacen, vaya si lo hacen. Me regalan música para hacer yo lo propio. Y lo hago, vaya si lo hago. Por el camino que voy, dudo que algún día tenga nietos. De tenerlos, elegiré una buena tarde de invierno para contarles dos cosas, bueno, mejor tres. La primera, que tuve amigos. La segunda, que vi jugar a Messi. Y la tercera, que varias veces subí y bajé las 235 escaleras que llevan hasta la ermita de San Juan de Gaztelugatxe, paraíso terrenal en el mismísimo mar vasco. Pocos, por no decir nadie, cantaron a ese impresionante lugar como los míticos Oskorri, grupazo con todas las letras. Para acabar, la pregunta del trillón: ¿Cuándo volvemos?

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