La canción de las 12:21. El pez que muere por la boca, muere por la boca, el resto, de muerte natural. Siempre he pensado que correr es de cobardes. Llamadme cobarde, también por correr. Nadie me perseguía, o sí, mas me desplacé cual balín. Antes de salir de casa escuché a Lidia Damunt cantando este fantástico “Echo a correr”, que me sirvió de perfecto banderín de salida. Al volver a casa mis piernas me preguntaron el porqué de tamaña tropelía. No supe muy bien qué contestar. Se enfadaron, dejaron de respirar y aún no las siento. Confío en que esto, también esto, pronto se pase.

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