La canción de las 11:31. Como todos los que jugamos al mus, me autoproclamo, sin ningún genero de duda, el campeón del mundo del mejor juego jamás inventado por la mente humana. Ignoro por completo si el asunto lúdico está detrás de la denominación de este grupo de Cantabria con el que hoy me topo, pero sería lo suyo. Agradezco en el alma que el corte de comunicaciones entre la meseta y el mar de por allí arriba no sea virtual y sí solo real. Así puedo disfrutar esta mañana de domingo con este exquisito “Cuando haya un final” sin nevadas de por medio.

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