La canción de las 10:49. Si el mismísimo Mike Scott, dios padre en mi particular escala de valores musical, recomienda escuchar a esta joven norteamericana de nombre Natalie Prass, no hay que perder ni un minuto y hacerlo. Uno va, lo hace y apunta un nuevo regalo más en el haber del genio fundador de los Waterboys. No al nivel de esas obras maestras que más de una vez me hicieron llorar, pero casi.


The 10:49 song. If Mike Scott himself, god the father in my particular musical scale of values, recommends listening to this American girl named Natalie Prass, you cannot waste a minute and you have to do it. You go, do it and note down a new gift in the credit balance of the founding genius of the Waterboys. Not on the level of those masterpieces that more than once made me weep, but almost.

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